jueves, noviembre 25, 2021
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El precario arte pictórico durante la República en Lara #25Nov

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Este periodo de la poscolonia en las artes plásticas del estado Lara, es pobre por su escaso desarrollo. Artífices, corrientes, estilos, hechos y obras son realmente exiguos por no decir nulos. 

Pese a los cambios ocurridos tras la Guerra de Independencia, en Lara se mantiene el apego a los cánones de la pintura española que se remontan al Renacimiento. La plástica local sigue dominada por el tema religioso.

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Pero es revelador del espíritu humano prevaleciente en ese tiempo en la región con sus rasgos bucólicos dado que un 90 % de la población era rural. Esa pintura es un reflejo de la historia y cultura de la sociedad larense de ese tiempo. Las formas de ser y vivir de sus hombres en aquella aislada aldea captados por el arte de la plástica.

Un panorama desalentador

Tras la Guerra de Independencia se hacen sentir los cambios en los diversos órdenes de la vida del venezolano. La capitanía general del Estado colonial es reemplazada por el de una República federal aunque en teoría.

La etapa colonial quedaba atrás con sus concepciones predominantemente europeizantes. El arte de la pintura no escapa a los mismos principalmente en Caracas. Un ejemplo es la pintura sobre batallas del conflicto bélico.  No así en Barquisimeto donde lo nuevo tardará en materializarse. 

En la entidad larense ese proceso es sumamente lento por causa de los pocos artistas, creaciones y centros de capacitación. De acuerdo con R. D. Silva Uzcátegui en su Enciclopedia Larense, el saldo al respeto no es alentador del todo. Al emitir un juicio de valor califica ese período como de “inferioridad relativa” y lo atribuye a la “falta de preparación técnica”. Es una etapa que raya en la improsperidad  pictórica en la región. 

El número de creadores es ínfimo. El historiador curarigüeño enumera apenas cinco artistas, entre estos una mujer. dedicados a las artes visuales, a saber: Santos Valenzuela Silva, pintor nativo de Quíbor; José de la Cruz Limardo, dibujante de El Tocuyo; Félix Vásquez, pintor; Antonio María Rojas, pintor y Josefa Pérez, escultora. También destaca el dibujante Pedro Monasterios Herice, padre de Rafael Monasterios, pionero del paisajismo local.

Aquel ambiente nos atrevemos a calificarlo de metafísico por la lentitud de su evolución. Están atados al pasado en lo conceptual y estético. Sus creaciones se enmarcan en el barroco y realismo naturalista importados ambos de España cuyos temas incluyen el retrato desde el pontifical al mundano, paisajes, bodegones, estampas costumbristas y cotidianas y murales religiosos heredado de la etapa colonial. Un barroquismo no necesariamente extravagante por los toques naturalistas. Ello sin el peso de antes de la Iglesia cuyo padrinazgo ha disminuido notablemente. La preparación es deficiente la que obtienen de maestros improvisados por falta de un centro formador de las artes o de manera intuitiva por cuenta propia. 

Decoración para sobrevivir

En aquellas adversas condiciones la práctica de este arte no es una fuente segura y permanente para la sobrevivencia de sus exiguos oficiantes. En consecuencia, en este período es notorio la actividad del decorado en diferentes espacios. Esos trabajos los realizan generalmente para las iglesias y la élite que controlaba el poder político, económico, cultural y profesional. Ese es el escaso público consumidor de esas creaciones. Se trata de los artistas que levemente rompen con los moldes confesionales de lo religioso existente en la etapa anterior con el Pintor del Tocuyo a la cabeza. 

Luego de la Guerra de Independencia en Caracas se deja atrás la influencia española y se asume sutilmente la francesa. Progresivamente se va imponiendo lo autóctono en esta esfera del arte. Aunque ello venía ocurriendo subliminalmente desde fines del siglo XVIII para hacerse patente después del fin de la guerra. Es cuando cobra auge la pintura de batallas y héroes siendo su principal autor Martín Tovar y Tovar.

Pero en la región la cosa es diferente. Se persiste en la temática religiosa con el decorado mural en las iglesias Concepción, San Francisco y La Paz. La pintura mural la hacen extensiva a casas de familias pudientes para hacerse del pan de cada día de los pocos creadores, expresión de la venta de la fuerza de trabajo intelectual.

Algunas características

La forma de pintar en esta provinciana ciudad, se ciñe a lo naturalista por la copia exacta de lo observado. No existe el vuelo imaginativo de la subjetividad del pintor para la reinvención. Eso ocurrirá más adelante. A nuestro entender algunos de sus rasgos más resaltantes son estos: 

  • Apego a la realidad y naturaleza. El artista reproduce con meridiana exactitud en el cuadro lo que observa. En consecuencia, prevalece la objetividad sobre la subjetividad la cual es nula. 
  • Es una pintura eminentemente intuitiva y empírica influenciada por las creencias religiosas católicas.
  • Limitado horizonte creador del pintor del que podría decirse que no ve más allá del ombligo.
  • Es en parte un arte popular por falta de estudios formales de los oficiantes.
  • El lenguaje visual está condicionado por lo inmediato que capta y refleja el artista lo más exacto posible.
  • Técnicamente trabajan con los recursos de tablas de madera y el lienzo en tela.
  • Su estética es elemental la cual emana de la cotidianidad y tradición de los temas tratados. Es un hecho consustancial con una sociedad rural con tendencias al estancamiento y lentitud de sus actividades.
  • Moderada estilización acorde con la visión filosófica del autor volcado principalmente en lo religioso.
  • Esta es una antesala al academicismo que llegará en los albores del siglo XX con la fuerza del paisajismo larense cuyo pionero es Rafael Monasterios.

Los pocos artistas 

Félix Vásquez realiza varios murales en la iglesia Concepción. En marzo de 1853, con motivo de la bendición del templo, le corresponde su decoración con la obra “Bautizo de Jesús”. En reconocimiento le asignan el alto honor de abrir una de las puertas confirmatorio de su talento. Es tal vez el más destacado de esa generación de creadores pictóricos de la ciudad.

Otros que se activan como pintores decoradores son Francisco Romero Paradas y Maximiliano Adames. Varias de sus obras las plasmaron en los templos de entonces. Romero es el autor de la obra El Purgatorio en el templo de la Concepción. No esta precisado si lo hicieron antes o después de la fundación de la Escuela de Artes y Oficios en 1883. También Pedro Monasterios Herice, un dibujante padre del consagrado pintor Rafael Monasterios.

En esta lista no incluimos a Eliecer Ugel, Julio Teodoro Arce y Emisael Vásquez por desempeñarse en las postrimerías del siglo XIX y principios del XX. Si se quiere son figuras de transición entre dos siglos. Estos sobresalen de suyo en la primera mitad del siglo XX en el contexto de la escuela del paisajismo.

Las causas

Cuando se escudriña en las causas de esta deplorable situación nos encontramos con factores artísticos, filosóficos, políticos, económicos y sociales. Es evidente el condicionamiento del ambiente donde se levantan estos creadores. Los mismos proceden de hogares profundamente católicos cumplidores del precepto de la Iglesia católica, apostólica y romana. El dogma impuesto a capa y espada, lo cual desde luego incide en sus obras con la filosofía de la escolástica de entonces.

Es así como estéticamente su arte estaba influido por los mandatos del barroco traído por los europeos a estas tierras, pero que de alguna manera el nativo recrea para adaptarlo a su realidad. El epicentro de aquella actividad es El Tocuyo de donde partió gran parte de la empresa de la conquista en el país. 

En esos tiempos Venezuela era una isla en un inmenso territorio sin ordenamiento alguno. Un pueblo no sabía de la existencia ni siquiera del más cercano. Las numerosas guerras civiles con su violencia incitadas por los atrasados caudillos también estimularon el estancamiento de las artes.

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