¿Caerá el euro?

Luego de la cumbre de Bruselas de junio se pensó que se habían conjurado las presiones sobre el Euro. Una serie de medidas muy importantes debían haber apuntalado la moneda comunitaria porque se instrumentaron mecanismos muy importantes de verificación de los sistemas financieros y de ayuda a los países en crisis. Un mes después los ataques arrecian y el Euro parece tambalear. ¿Cómo llegamos a esto? Los mercados comienzan a creer que los gobiernos de los países en crisis de la zona euro, no están implementando los ajustes de acuerdo con el plan establecido por la troika y que finalmente no van a cumplir los deberes. ¿Por qué piensan esto los mercados? Porque las medidas de austeridad de fondo que han debido ser asumidas por los países oportunamente no se produjeron y si las toman ahora, es por la presión de Bruselas. Eso genera desconfianza en los mercados. Además existe una probabilidad cierta de que tanto España como Italia, requieran un rescate completo, lo que demandaría tal cantidad de fondos comunitarios que virtualmente se haga imposible esos rescates. Por otra parte la Eurozona probablemente entrará en recesión este segundo trimestre; China comienza a mostrar signos de ralentización de su economía y una caída en las ventas de Mc Donald’s revela una desaceleración de la economía mundial.

Grecia continúa sistemáticamente en crisis y la posibilidad de una revuelta popular parece ahora probable. El país heleno debe recibir en septiembre un tercer tramo de ayuda de € 131.000 MM, pero antes en agosto debe pagar € 3.100 MM. Ambas cosas están puestas en duda. Por si fuera poco Grecia se acaba de comprometer a una rebaja de € 11.000 MM. En España, Rajoy implementó el programa de ajustes más duro de la democracia, mediante una combinación de reducción del gasto con aumento de los impuestos; sin embargo la crisis ya no solamente se ubica en el sector bancario, sino que las comunidades autonómicas de Murcia, Valencia, Cataluña, Andalucía, Canarias y Baleares, ya se anotan para solicitar de Madrid fondos de ayuda. El Reino Unido tiene ya 3 trimestres de caída económica. Alemania por su parte, la mejor economía europea, comienza a mostrar fatiga: el sector privado se resiente de una disminución del consumo de sus socios europeos; además la contracción del sector industrial alemán es la más pronunciada de los últimos 3 años. Alemania es además el principal acreedor de España, de manera que si ocurriera una eventual “quita” hispánica, el sector financiero alemán se resentiría seriamente.

Por todo ello Moodys colocó en perspectiva negativa la deuda soberana de Alemania, Holanda y Luxemburgo; pero además evaluó negativamente al Fondo Europeo de Estabilización Financiera, y no se quedó allí sino que también cambió la calificación de 17 bancos alemanes, de estable a negativa. A esto el gobierno alemán reaccionó, con cordura, pero con firmeza; sin embargo la agencia de calificación aclaró que no evaluó la situación actual, sino las perspectivas futuras de Alemania en función de la situación de sus socios europeos y como ello afecta a las exportaciones germánicas y a su al sistema financiero.

La realidad es que hace tiempo los países en crisis de la eurozona, vivían más que de la riqueza que generaban, del financiamiento de los mercados vía colocación de títulos de deuda; así las comunidades autonómicas, los bancos y los estados, hacían continuas emisiones para cubrir su déficit presupuestario. Lo que ocurre ahora es que hay una desconfianza generalizada y se está llegando a un punto en que los inversionistas crucen la línea de la paciencia y comiencen a vender los bonos de deuda soberana que han mantenido bajo la esperanza de resarcir las enormes pérdidas que han acumulado en los últimos tiempos. Si eso ocurre vendrá un desplome generalizado y los tipos de interés se irán al cielo. Por eso Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, se resteó con España y calmó momentáneamente las aguas. ¿Será permanente la cura?

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