Biografía de Edmundo Chirinos en las tablas

Héctor Manrique se insertó de lleno en la piel del psiquiatra Edmundo Chirinos.

En una actuación incuestionable, que atrapó al público, fue presentándole a la audiencia, capa por capa, los delirios del psiquiatra, culpable del asesinato de la joven estudiante de periodismo Roxana Vargas.

Sobre las tablas del Teatro Juares y a sala llena, quedó en evidencia el concentrado de un hombre egocéntrico, presuntuoso, narcisista y endiosado. Un ser obsesionado por la ciencia, el conocimiento, la muerte, la política y las mujeres.

El monólogo, una adaptación de Sangre en el diván de la periodista Ibéyise Pacheco, se sujeta fielmente al capítulo El delirio, en el cual Chirinos deja al descubierto su frenética demencia y éxtasis por alcanzar cualquier objetivo.

Aunque Manrique engulló el libreto y a Chirinos para desnudarlo en escena, algunos esperaron más detalles del asesinato de Roxana Vargas, suceso que se convirtió en todo un escándalo nacional por las distintas funciones que desempeñó el médico durante su carrera, entre ellas, rector de la Universidad Central de Venezuela (UCV), ex candidato presidencial y psiquiatra de tres presidentes venezolanos.

Sin duda, el personaje envolvió y sedujo al público. Al punto que no todos rieron con las ocurrencias del homicida.

El hombre erudito, al que no se le podía discutir, cuestionar ni amenazar, se paseó cómodamente por la puesta en escena, valiéndose limpiamente de los recursos escenográficos. Situaciones actuales, supo incorporarlas al guión que fusionó distintos acontecimientos del pasado venezolano.

En la obra hay una clara autodefinición del personaje y sostenido diálogo con la muerte, que lo acompañó desde el fallecimiento de una de sus hermanas cuando Chirinos era muy joven.

La pieza reveló el vacío espiritual del psiquiatra, lo sustituía por conocimientos.

Este ser egocéntrico se atribuye infinitos momentos, situaciones y acciones de personajes destacados de la historia del país. Su necesidad de reconocimiento permanente marcó la trama.

En este monólogo biográfico, tan entregado al personaje, se subestimó a la víctima. “Hubo momentos densos, algo pesados. Su actuación no tiene discusión, pero resultó muy centrado en el psiquiatra”, comentó uno de los asistentes.

El maquillaje, los recursos, el parecido casi idéntico con Chirinos y la impecable ilación, mantuvieron a los presentes en sus butacas.

Otros espectadores criticaron el preludio, algo largo, cuando posteriormente se tendría al protagonista en escena por casi dos horas.

“Los artistas tienen que encontrar otra manera de interactuar con el público. Es repetitivo cuando por determinada circunstancia se quiere tomar a alguien del público”, dijo otro concurrente.

Apagar los celulares

Aunque entre las normas que establecen los teatros se encuentra la de apagar o silenciar los teléfonos móviles, durante la obra se apreció que buena parte de la audiencia omite por completo esta regla. En los teatros y salas de concierto se apagan estos aparatos, de lo contrario, se irrespeta al artista.

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