#OPINIÓN Por qué es azul

Carlos Mujica | Ilustración : Victoria Peña |

Más allá de la atmósfera de la Tierra continúa con toda su majestad, la inmensidad oscura de la eterna noche del espacio del Universo. Desde cualquier cuerpo desde donde se observe, la imagen del espacio es siempre la misma.

Todas las estrellas, incluyendo el Sol que es una estrella, se mantienen iluminadas en sus dos hemisferios. En ellas no hay noches. De manera que, es comprensible que la iluminación de atmósferas mediante la intervención de la energía proveniente de las estrellas que transforman las partículas de masa atmosféricas en partículas de luz.
El cielo de la Tierra es azul por el ozono contenido en la masa gaseosa del aire atmosférico. El ozono es una variedad del oxigeno y forma en la masa del aire la capa protectora del planeta. Las montañas a la distancia las vemos azules, pese a que la vegetación es verde, justamente, debido al ozono contenido en el aire.

Es interesante conocer que cada cuerpo ponderable, sean estrellas, planetas, satélites tienen sus propios cielos. El cielo de los cuerpos se circunscribe a la atmósfera de los cuerpos, pero no parece seguro que todos los cielos tengan el mismo color azul del cielo de la Tierra. Lo que si es cierto es que siendo el espacio universal una eterna noche, la luz nunca podrá iluminarlo. De manera general se conoce que, en el espacio no es posible su iluminación porque en él no hay condiciones. Como se sabe, la iluminación requiere además de la energía, una masa sólida o gaseosa. Y en el espacio no puede haber masa.
El azul de los días se produce, pues, además por el azul del ozono como porque la iluminación del día se produce inmediata al fondo negro del espacio más allá de la atmósfera.

El espacio nocturno es propicio y generoso porque nos obsequia una lección verdaderamente interesante. Aprendemos a diferenciar el espacio de las atmósferas; a conocer que la iluminación de los cuerpos no viene de fuera, se produce en su propia atmósfera; comprendemos que esa iluminación pertenece a un hemisferio, el otro hemisferio permanece en penumbras. Por generalización comprenderemos que todos los cuerpos desde la noche terráquea se observan como puntos de luz. La Tierra no es la excepción, desde cualquier noche de otro planeta, la Tierra se le vería como un punto de luz. La comba azul de nuestro cielo nos limita la visión. Por eso dijimos: la noche es más generosa.

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