Venezuela asombrosa y hermosa #18Sep

El Impulso | Foto: Referencial |

La naturaleza tiene nombre y figura de mujer en ella, el hombre disfruta de las maravillas escondidas en sus entrañas, regidas por leyes espirituales inviolables, es muy difícil en el mundo, pero posible en Venezuela, encontrar un destino donde los elementos del medio ambiente hablen por sí solos y transmitan armonía.

En pleno Parque Nacional El Ávila, frente al azul caribeño, disfrutamos del único museo ecológico del universo. Se trata de las Piedras Marinas Soñadoras, el cual le rinde homenaje a su nombre, porque al estar parado en sus tierras, se sueña por mucho tiempo.

En este rincón todo se te olvida y tu mente se pone en blanco para entrar a otra dimensión. Allí el alma se purifica y da paso a una vida llena de equilibrio natural. Cuando tengas la oportunidad de viajar hasta Caracas, invierte tiempo libre en el Museo de las Piedras Marinas Soñadoras. El recorrido es muy placentero y divertido, porque subes y bajas El Ávila en un día. Además, la aventura es muy entretenida y relajante.

El único requisito para entrar es llevar a la pareja, pues se le rinde culto a la mujer, de lo contrario nada tiene sentido porque todas las actividades son realizadas a dúo. Al estar parado frente al museo debes quitarte los zapatos y entrar sin medias, de esta forma recibirás todas las energías del hábitat a través de ejercicios que activan los cinco sentidos.

El creador del Jardín de las Piedras Marinas Soñadoras, es el artista y filósofo Gonzalo Barrios Pérez, conocido como Zóez, un gran hombre dedicado a indagar sobre los fenómenos del entorno y a preservar la belleza de la tierra. El museo fue creado el 30 de junio de 1990 por la Universidad Simón Bolívar.Todas las piedras fueron traídas del mar.

Debes quitarte el reloj, porque aquí el tiempo se paraliza entre la salida y puesta del astro rey. La idea es tener tranquilidad y disfrutar de los elementos que constituyen el lugar. En la entrada principal deberás cultivar el arte de la paciencia y el equilibrio, mediante una escultura de piedra, titulada Yo soy el jardinero, la cual se debe armar y desarmar antes de meterte al museo.

La mecánica consiste en pasar por varias etapas, caminando sobre las piedras. Deberás girar por la fecundación, en la cual se encuentran las orugas en la luna de miel, simbolizando la pre vida. Una vez en el huevo cósmico, un área donde sucede el acto de fecundar, la mujer y el hombre se cruzan, se abrazan y bajan, para hacer lo que provoque, menos caer en polémicas.

Allí existen dos reglamentos. El libre albedrío se produce con ley de la armonía y el delito es la polémica. El reglamento es la participación y el delito la competencia. Precisamente sobre el huevo cósmico, existen dos columnas que se unen en el cielo, compuesto por el árbol de cedro, representando al hombre y la mata de mango, a la mujer.

En el museo está un pentagrama acústico musical bien particular, en el cual los visitantes tienen la oportunidad de mover la piedra y cambiar la música del agua. Esto simboliza la genética a través del vientre de la mamá. La idea es que cada quien ponga su música

En esta ocasión la mecánica del juego consiste en pasar las piedras con habilidad. Al comienzo del camino de los cambios de la vida, el recorrido es angosto, pero después se hace ancho. Sólo existe una condición: no pisar la misma piedra en varias oportunidades.

 

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