#Opinión Se van…

Ramón Guillermo Aveledo | Foto: Archivo |

La creciente emigración de compatriotas acumula titulares, imágenes, tiempo de transmisión en medios de la región, el hemisferio y el mundo. Los venezolanos sabemos que no es una fabricación comunicacional. Todos conocemos personas de carne y hueso, familiares, amigos o conocidos que se han ido. Principalmente jóvenes, pero cada vez más variados en edad.

De todas las regiones y de todos los sectores sociales. Todos estamos enterados de gente a quien le fue difícil decidirse, que le costó dejar atrás afectos y el saldo de sus certezas, para lanzarse a la incertidumbre aunque tenga el atractivo de la esperanza que aquí parece cada vez más limitada.

Antes, predominaba la emigración aérea y se decía, para despacharla con facilismo, que era la deteriorada clase media o sectores acomodados, cuando nos consta de gente que con enorme esfuerzo y vendiendo todo compró los pasajes para irse a ver qué pasa. Ahora, las imágenes de las fronteras terrestres, a Colombia por Táchira y Zulia, a Brasil por Bolívar, y las noticias de balseros criollos rumbo al Caribe, hacen imposible ignorar este fenómeno históricamente nuevo para Venezuela, conmovedor, abrumador.

Ante este drama humano al cual se han referido entre otros el Papa Francisco y el Secretario General de Naciones Unidas, la ACNUR, países sudamericanos por llamado de Ecuador, el Grupo de Lima, el Secretario General de la OEA, el gobierno venezolano que debería ser el directamente concernido pero que todo pretende resolverlo con propaganda, ha decidido dar una respuesta en tres líneas. Una es negar de plano que la masiva emigración exista. Se trata, insiste, de un flujo migratorio normal interesadamente exagerado porque somos, repite, el “segundo país receptor de migrantes en la región”.

Otra es estimularla, convencido de que así alivia la presión social interna y mejora su posición político-electoral porque “los que se van son escuálidos, traidores o están a punto de serlo”. Y la tercera es usarla como arma propagandística para presionar a otros estados: los voceros oficiales “defienden” a los migrantes venezolanos de la discriminación y malos tratos y piden a los gobiernos que “no le impidan regresar” a los que quieren hacerlo en la inventada misión “vuelta a la patria”.

Otra vez, propaganda en vez de soluciones. Como tampoco hay escasez ni hiperinflación, sólo “guerra económica”. El grupito en el poder está dispuesto a cualquier sacrificio, ajeno claro, con tal de no asumir la verdad.

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