#OPINIÓN Causa y efecto… cargo y abono (III Parte)

Maximiliano Pérez | Ilustración: Victoria Peña |

Algunos ven a las empresas privadas como un depredador que debe ser disparado, otros  como una vaca que debe ser ordeñada, pero pocos son aquellos que las ven como un robusto caballo que tira de la carreta. Sir Winston Churchill.

El efecto es el resultado de la causa. El abono es la contrapartida que aumenta al pasivo o
deuda en todo acto administrativo que conlleve al aumento del activo o bienes en las relaciones empresariales, bien sean comerciales, industriales y hasta en aquellas organizaciones no gubernamentales (ONGs) sin fines de lucro.

Estas operaciones registran los ingresos monetarios o materiales que tienen las empresas.
Es un control que demuestra la solides económica de las empresas. Por eso la contabilidad
comienza con el “Balance de Comprobación”, para luego registrar el “Estado de Ganancias
y Pérdidas”, que expresa la realidad financiera y cuyos resultados, positivos o negativos,
para finalizar, son trasladados al “Balance General”.

El desfase y fracaso del populismo, comunismo, socialismo o cualquiera que sea el nombre
que le quieran dar a los sistemas dogmáticos que han destrozado las economías, está
demostrado en el inmenso deterioro social que ha imperado en las regiones dominadas
oprobiosamente por ideologías fanatizadas que utilizan las necesidades de los pobres para
lograr sus objetivos.

El capitalismo con todo y sus defectos es regulado por las normas del mercado, oferta y
demanda, productividad, producción, trabajo y remuneración.

Económicamente, así se regulaban los precios, según la oferta y la demanda de bienes y
servicios. Siempre he puesto como ejemplo el precio del tomate porque está barato cuando
hay cosecha y caro cuando hay escasez.

En un mercado en equilibrio donde la producción es normal, generalmente, las guerras de
precios tienden a la baja. A mayor competencia en la producción, mayor posibilidad a la
baja de los precios. Cuando se iba al abasto o a las bodegas y había un buen surtido de
artículos, las compañías que los producían entraban en competencia… bajando los precios.
Buscando vender más. Los beneficios de las empresas se lograban a través de la rotación de inventarios. “No existía el acaparamiento”. Por el contrario se buscaba vender más en el
menor tiempo posible. ¿Recuerdan?: “Vendemos más porque vendemos más barato y vendemos más barato porque vendemos más”.

Se pretende hacer de la producción de alimentos “la Cenicienta” del sistema, se tiene que
producir barato y hasta a pérdidas, porque “el pueblo” necesita alimentos. Sin tomar en
cuenta los costos y gastos que ocasiona la optimización de los procesos, sin valorar el
esfuerzo, tesón y perseverancia de quienes han logrado llegar al éxito fundando unidades
productivas que han consumido a varias generaciones de una misma familia. Se les ha
humillado y avasallado, sus propiedades han sido invadidas, confiscadas, expropiadas y
destruidas por hordas de delincuentes amparados en la más oprobiosa de las impunidades, y les han ocasionado hasta la muerte a sus dueños y/o a sus familiares. En la mayoría de los casos, están completamente destruidas.

Mientras no se logre la imprescindible “Seguridad Jurídica”, la desestabilización de los
mercados, la escasez de productos, bienes y servicios seguirá aumentando la “Hiperestanflación” que destruye al poco bienestar social que nos queda a los
venezolanos.

Es momento de reflexión. De cambio de rumbo económico de 180°. (Continuará).

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