#MeGustaBQTO La ciudad después del crepúsculo (FOTOS)

Marlyn Silva | Fotos: Edickson Durán |

Cuando se pone el sol y las calles se vacían casi enteras, Barquisimeto  sigue en marcha. Los noctámbulos se mueven entre el bien y el mal, la pobreza y el lujo, las deficiencias y los respiros optimistas, una colisión de contrariedades que alimentan esta  urbe perteneciente al municipio Iribarren, jurisdicción poblada por 996.320 personas, según datos del censo de 2011 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Asume la ciudad al anochecer los problemas sociales comunes del país agravados los últimos años por un modelo económico fallido.  En las avenidas, la necesidad de familias completas toca los vidrios de los carros, las plazas son camas para los indigentes y en los sitios donde los ciudadanos deberían  transitar iluminados  la oscuridad delata la ineficiencia de las autoridades cuando de asuntos  públicos se trata.

Converge en el mismo espacio una cara menos cruda de la realidad, la que deja florecer la ciudad gracias a quienes depositan en esta  tierra dosis de fe, allanan el camino hacia el progreso y defienden la esencia guara.Por eso, en las calles de  Barquisimeto cuando anochece  es posible ver un pelotón de ciclistas que ruedan por la ciudad, aunque carezca de ciclovías, pasar frente  a una familia con niños alimentándose en la orilla de la vía gracias a la bondad de otros.

  Respiro  nocturno

Bicicleteros. 13/09/2017. Foto: Edickson Durán.

Pese a las adversidades,  Barquisimeto guarda reservas para el esparcimiento y reforzadoras del gentilicio. Gastronómicamente, a la capital crepuscular se le conoce como la ciudad  donde se  ideó el  pepito y como pioneros esta es la cena preferida cuando se trata de elegir en un menú de comida rápida. Para satisfacer  los paladares hay  una amplia gama de opciones.

Entre las  más emblemáticas por el carácter  popular se cuentan los espacios conocidos como Calle El Hambre.La propietaria de un local de comida rápida en el estacionamiento del Complejo Ferial  Bicentenario, Rosario Hernández, reconoce claramente después de seis años en el negocio que el pepito es el  favorito de sus  clientes y no duda  del  sabor exclusivo del  hecho en casa con pan canilla, carne, pollo, tocineta y papitas naturales.

En otros estados, considera, “no es igual”, razón por la cual su establecimiento atrae comensales de Maracaibo, Valencia, Caracas y Mérida. Aun con una economía  difícil, admite otro comerciante, Yeiker Araujo, “este es un negocio que nunca va a parar”.Por otro lado, para recrearse, masificar el deporte y  recomendar la bicicleta como medio de transporte en la región se unen en rodadas nocturnas un centenar de integrantes de Ciclismo de Lara, fundando en 2013 y presidido por Alexander Abreu.

En grupo pedalean por la  ciudad en rutas de no más de dos horas que suelen atravesar puntos emblemáticos  como El Obelisco,  el Parque Ayacucho o la Catedral. “Queremos que nos vean”, desea  Abreu y progresivamente lo han  logrado. Cuando circulan por las avenidas desde los carros les gritan frases de ánimo o colaboran encendiendo las luces  intermitentes. Los protege, además, una comisión de la policía estadal y de la Guardia Nacional Bolivariana.

Son optimistas en cuanto al crecimiento que como organización hasta ahora registran, pese a que  la  urbe carezca de ciclovías y carteles con mensajes de respeto al ciclista.

El hambre en la avenida

Desde las 03.00 de la tarde y hasta que pasa la última unidad de Transbarca a las 09.00 de la noche está  comprendido el horario de trabajo de una pareja  que limpia los parabrisas de los carros en la avenida  Venezuela con Bracamonte.  La franja horaria entre las 03.00 y las 05.00 p. m. la reconocen como la “hora pico” en el canal del sentido oeste-ese, porque es cuando las hileras de carros más se alarga en ese lado del semáforo.

El congestionamiento  es  su  mejor ventaja y entre ambos se turnan el cuidado  de los hijos  de 10, 8, 5 años  y  una bebé de  10 meses. Con la más pequeña en el regazo la madre de 24 años de edad le quita el sucio a los cristales a cambio de un par de billetes en un trecho de la avenida mientras que su esposo hace lo propio  en el mismo lugar.

Según la remuneración, podrán  almorzar arepas con huevos y cenar un trozo de pizza y una bolsa de lechosa verde, como sucedió la noche cuando  fueron entrevistados.“Entre más temprano estemos aquí mucho  mejor”, observa el joven padre, quien quiso  omitir  su identidad por sentirse  vulnerable. Dependen también del clima.

Si llueve, no pueden trabajar. Son enemigos de las protestas en las vías, porque “si  hay tranca no  tenemos para comer”, justifica el muchacho. Tal posición respecto a las manifestaciones continuas entre abril y finales de agosto les redujo un 70 por ciento las donaciones de comida de organizaciones civiles y  grupos  cristianos.

“Aquí estamos las personas que de verdad tenemos necesidad”, defiende el hombre y aclara que dependen únicamente de su esfuerzo: “La ayuda es el  brazo de uno. Ni los rojos ni los azules (políticos) ayudan”.

Como esta pareja, se dedican a la limpieza exprés de vehículos en la avenida Venezuela con Bracamonte unas 30 personas y algunos son  parientes. La esposa del joven que aportó su testimonio, por ejemplo, trabaja en el mismo sitio junto con tres hermanas, todas  madres de menores de edad.

Una de ellas vende  chupetas para poder  alimentarse ella -embarazada y sin saber los meses de gestación porque no se  ha hecho  ningún ultrasonido- y a sus hijos de 3, 2 y 1 año.Las tres  hermanas y sus  esposos regresan  juntos a la casa de bahareque  y latas que comparten en San Jacinto, al oeste de Barquisimeto.

Usan las unidades rojas de Transbarca, pero el día cuando el bus no pasa piden el favor a los conductores de las camionetas  que pasan por la avenida después de las 09.00 de la noche.  Si tampoco con este medio la suerte los acompaña deben caminar durante dos horas.

La aspiración de ellos, que no terminaron la educación primaria y acumulan 10 o más años desempeñándose como comerciantes informales o limpiando parabrisas, es conseguir un  empleo con mejor remuneración, como  lo declaró el  joven  padre de cuatro  niños: “Quiero  salir de esta avenida. Quiero  trabajar en otros sitios, porque este es un trabajo denigrante; la gente cree que es más que uno, pero  todos somos iguales”.

Las mujeres suman el deseo de una vivienda en mejores condiciones y para eso creen conveniente un gobernante que se  le “ablande  el corazón” y  no engañe.

 Penumbra en espacios públicos

Los  últimos  meses, por mano de la delincuencia varios espacios públicos de la ciudad han quedado en penumbra, inútiles para la función para la cual fueron creados: el  esparcimiento de los ciudadanos.

El Paseo  Juan Guillermo Iribarren, el Parque Ayacucho, la Plaza Bolívar, el boulevard  Oscar de León en Barquisimeto y  la plaza Bolívar de  Santa Rosa son  cinco de los lugares afectados por el hurto de  cables y lámparas ocurridos entre abril, mayo y junio de este año.

Los hampones se hicieron con 172 luminarias de la Plaza Bolívar de Santa Rosa, 48 luces del boulevard Oscar de León, 250 metros de cable del Paseo Juan Guillermo Iribarren, 72 bombillos ahorradores de la Plaza Bolívar de la capital, la bomba de riego y 46 luminarias del Parque  Ayacucho y algunas piezas del monumento de  bronce, tal como lo especifica el exdirector de la Empresa Municipal de Infraestructura (Emica), ingeniero Víctor Lucena.En el caso del Paseo Juan Guillermo Iribarren, recuerda Lucena, fue recuperado en dos  oportunidades durante la gestión del alcalde Alfredo Ramos.

Cada fin de semana, era sede de eventos  culturales organizados por el Instituto Municipal de Cultura y Arte (Imca), pero en la nueva gestión y completamente oscuro cesaron estas actividades.En mayo, acondicionaron la Plaza Bolívar, donde, subraya el  experto, instalan  toldos  y estacionan vehículos de carga pesada que deterioran la  superficie.

“Mientras exista este tipo de comportamientos es imposible mantener  los espacios recreativos. Son para hacer esparcimiento no propaganda política”, enfatiza.No pocas son las avenidas  con fallas en la iluminación.

Parte de Los Leones está en esas  condiciones. No obstante, la atención de las avenidas  en cuanto al alumbrado público corresponde a la Corporación Eléctrica  Nacional (Corpoelec), aclaró  Lucena.

Reparar estos daños, puso de relieve la exautoridad, no son prioridad para la actual gestión de la Alcaldía: “Van a gastar un dineral en la reactivación de las ferias. Esos recursos ante esta crisis debieron  utilizaron para algo mucho mejor como la salud o la recuperación de espacios tan emblemáticos como la Plaza Bolívar”.

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