Notas Pastorales: Transfiguración Social

Mons. Antonio José López Castillo Arzobispo de Barquisimeto | Foto: Archivo |

En los evangelios está situada la transfiguración de Cristo, cuando es reconocido por sus seguidores como el Mesías, el Salvador, pero Él, les manifiesta, cómo se realizará su plan salvífico. Este consiste, en que para llegar a la resurrección y a la gloria, debe pasar antes por el sufrimiento y por la muerte.

Cristo, escoge como testigos de su transfiguración a los que serán posteriormente testigos de su agonía, Pedro, Santiago y Juan.

Jesús en presencia de Moisés y Elías, aparece transfigurado por la gloria de Dios. Pero esta gloria, infunde temor religioso ante lo sobrenatural y mistérico. No obstante Pedro expresa su gozo delante de la presencia divina. Más la voz divina prescribe el escuchar al Hijo de Dios.

Allí se revela la persona de Jesús, Hijo muy amado y transcendente que posee la gloria misma de Dios. Este hecho portentoso de la transfiguración, revelan a Jesús y su Palabra, como la ley nueva. Anticipa la gloria Cristológica, que se obtendrá por el camino de la Cruz.

Los cristianos por el bautismo, unidos sacramentalmente a Cristo también transfigurado, son llamados, a transfigurarse en hombres nuevos en la fe, y a transfigurar también la creación, al servicio del hombre.

Los creyentes debemos con obras, transformar al estado Lara, en una región en donde muy especialmente en la zona rural, se tengan servicios médicos, luz y agua, para que sus habitantes puedan cultivar y hacer fértiles sus campos, esto permitirá que sus pobladores no tengan por necesidad que abandonar su propia tierra. Es necesario cuidar la ecología, para transformar la vida toda, por cuanto a veces la naturaleza se rebela contra el maltrato humano.

Transfigurar nuestra región, significaría lograr con el esfuerzo de todos que los teléfonos funcionen, que las calles sean reparadas, que el transporte sea eficiente. Transfigurar nuestro estado, sería lograr concretamente que se apresuren los trabajos de restauración en las diferentes iglesias y otras instituciones, pero también que todos nosotros tomemos muy en cuenta el trabajo, bien hecho; valorar la honradez, la urbanidad, respetar los semáforos, no botar papeles, ni desperdicios en las calles; preocuparnos porque los niños estudien; desterrar la violencia, la barbarie, vivir en fraternidad; cuidar la familia, fomentar la lectura; conocer mejor nuestra fe.

Para transfigurar nuestro ambiente, es necesario apartarse del alcoholismo, mafias, vicios, indolencia. Los discípulos de Cristo deben ser columnas, que en medio de su debilidad, no decaigan en su fe y esperanza, ya que a través de estas virtudes, se vinculan en el tiempo salvífico definitivo de Cristo. Pero esta causa sólo triunfa a través de la lucha pacífica, la renuncia, el sacrificio, la cruz de cada día. Más aún esa fe no puede ser pasiva, si no un llamado al perenne compromiso histórico. Se trata de escuchar a Cristo, que nos habla a través de su Palabra, a través de los sacramentos, en los enfermos, en los que sufren moralmente, psicológicamente, espiritualmente, pero también nos interpele por medio del hombre en la solidaridad.

Por cuanto Él nos sigue hablando desde el bien y nos alerta desde el mal.

Hoy más que nunca el ser humano se debe transformar en un hombre nuevo, viviendo en la verdad, en la honestidad, en la coherencia, en la justicia, en la libertad responsable, en la fraternidad, todo ello iluminado desde Dios; y así transfigurar un mundo de guerras, miedos, prepotencia, hipocresías, manipulaciones ideológicas, en una sociedad más humana, realmente democrática, auténtica familia universal, prefiguración del triunfo final y eterno del bien sobre el mal.

Hoy desde la fe, es necesaria la transfiguración humana y social.

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