Reflexiones sobre gentilicios

David Figueroa Díaz | Foto: Archivo/Referencial |

Hay palabras que por su parecido fonético u otros factores, hacen que muchas personas se confundan y las usen de manera inadecuada. El ejemplo más resaltante es sendos y su correspondiente femenino, que por lo general es empleada con un significado muy diferente del que registra el DLE (Diccionario de la Lengua Española). Sendos significa algo así como uno de cada cual o uno para cada cual; pero hay quienes le atribuyen un matiz de grande, grandioso, extraordinario, descomunal, y de allí que sea común leer u oír expresiones como: “Senda nave se compró el vecino”, “Senda cachetada le dieron al abusador”; “Por imprudente y entrometido le dieron senda golpiza”, “Sendo regaño le dieron al vigilante”, “Sendo discurso pronunció el rector”, etc.

El verbo doblegar también es confundido con duplicar; en tanto que gentilicio es confundido con gentío. Sobre esto último voy a hablarles una vez más, en virtud de que, si bien es cierto que es un asunto sencillo, hay quienes no lo tienen muy claro, y por eso nunca está demás un repaso, con un nuevo enfoque, para dar la oportunidad de que más personas puedan aclarar sus dudas. Antes de entrar en materia, acuso recibo de una amable y amena misiva de mi amigo Muller Robersi Castro, asiduo lector de Nuestro Idioma, servidor público y aficionado del buen decir. ¡Gracias!

Gentilicio, aunque tenga algún parecido fonético con la palabra gentío, nada tiene que ver con esta, por lo menos en el aspecto semántico. Se usa para nombrar el origen geográfico o racial: acarigüeño, barinés, bumangués, costarricense, español, fluminense, gracitano, larense, maracucho, ospinense, regiomontano, santiaguino, santiaguero, tacateño, zuliano, etc. Cabe resaltar que en materia de gentilicios no hay reglas, y en tal sentido se usan en razón del gusto que haya impuesto el pueblo hablante, que es al final de cuentas la fuente inagotable de la que fluyen las palabras, y las crea para satisfacer las necesidades expresivas.

Hay casos de lugares en donde existen dos formas, como en Acarigua: acarigüeño y acarigüense, aunque este último es poco usado y por ende desconocido. A los nacidos en Maracaibo se les llama marabinos y más propiamente maracuchos. Lo curioso en este caso es que la terminación ucho entra en la formación de palabras usadas con intención peyorativa: flacucho, librucho, periodicucho, abogaducho, cuartucho, comiducha, etc. Desde luego, maracucho no tiene ningún rasgo despectivo, y es el gentilicio que se ha impuesto por encima de marabino, empleado este mayormente en el lenguaje culto y en las innumerables canciones del amplio pentagrama de “La tierra del sol amada”.

Hay gentilicios que se han formado por la vía culta, como fluminenses para nombrar a los nacidos en Río de Janeiro (Brasil), regiomontanos para los oriundos de Monterrey (México) y gracitanos para los de Altagracia de Orituco, capital del municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico (Venezuela). Con relación a Santiago, que es el nombre de varias e importantes capitales de América y de Europa, varían las terminaciones. Por ejemplo, a los de Santiago de Cuba y de República Dominicana se les conoce como santiagueros; en tanto que a los de Santiago de Chile se les da el nombre de santiaguinos. También en España hay una variante de Santiago, dado que a los que son originarios de Santiago de Compostela, entre otros gentilicios, se les llama santiagueses. Vale acotar que Santiago de Compostela es la capital de la comunidad autónoma de Galicia, perteneciente a la provincia de La Coruña.

En una reciente publicación en Facebook se habló del avance las obras del hospital de Santa Rosalía, municipio del estado portuguesa, y se empleó el término santarosalicense, sin dudas, con la intención imponer un nombre que designe a los nacidos en esa zona agrícola; pero el autor o autora de la nota incurrió en una impropiedad. Debió ser santorrosalíense (con doble ere, tal como lo sugiere la regla), más fácil de pronunciar, de escribir y el que, por analogía con otros, encaja perfectamente, aunque como lo dije antes, en materia de gentilicios no existen reglas; pero deben imponerse la sensatez y el buen gusto.

Lo que sí no se debe obviar, es que los gentilicios, de acuerdo con las reglas para el uso de mayúsculas y minúsculas, deben usarse con inicial minúscula, a menos que con ellos se comience un escrito.

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