#ESPECIAL Zona extendida

Francisco Vega Riera | Foto: Daniel Arrieta |

Irse a Puerto La Cruz con ventaja de 2-0 era la meta y los Guaros de Lara cumplieron a cabalidad, eso sí, no exentos del sufrimiento propio de la paridad y la intensidad que caracterizan a las series finales de la Liga Profesional de Baloncesto (LPB).

Favoritos contra el peso de la historia, llegaron a nueve victorias consecutivas en lo que va de la postemporada (10-1) y es que el “Guaros State” de Guillermo Vecchio ahora exhibe foja de 20-3 desde que el devoto de la Virgen del Rosario de San Nicolás en su país, de Nuestra Señora de Coromoto y de la Divina Pastora –ahora en el techo del Domo Bolivariano- tomó las riendas del quinteto durante la segunda mitad del calendario regular.

El camino lucía espinoso contra un contrincante acostumbrado a estas instancias, que disputa su serie 17 y ha ganado 11 de ellas pero esta vez, pese a recursos agregados para este cierre, no logró imponer el ritmo, no lució tan profundo y además pareció agotarse sobre el final de ambos compromisos, en el segundo golpeados, además, por un pobre porcentaje de cancha (39 por ciento).

No se puede reinventar nada cuando una campaña ya llega a su final y menos en el baloncesto, entre tanto scouting, pero la idea de este juego es ser tan impredecibles como se pueda dentro de una perfecta y exigente sincronía, a fin de propiciar errores en los ajustes que hace el rival y hallar así el espacio para atacar sin clemencia.

Dicho esto, de aquello de lo que se adoleció en el primer partido, que era la usual producción de los jugadores de la zona pintada, esta vez pudo presumirse. Si Gregory Echenique y Néstor Colmenares se combinaron para errar 11 de 13 tiros en el primer juego, esta vez “Big G”, como es llamado por Nate Robinson, se fue de 7-7 en tiros de cancha y la “Bestia” de 10-4. Si a eso se suman los intentos y conversiones de Lazar Hayward, entre los tres se fueron de 30-17. Nada mal.

De paso, un recurso que ya había funcionado bien, incluso con un alto volumen de intentos en el primer cotejo, como lo fueron los triples (14), en el segundo tuvo de nuevo una cuota de protagonismo al embocar 13 de 30 (43 por ciento), cuatro de ellos de un letal Heissler Guillent.

No era nada fácil lidiar con la ausencia de Nate Robinson cuando cometió el error de hacer el ademán de patear la pelota, lo que le costó una técnica y un tercer foul en pleno primer cuarto. El que venía de meter 27 puntos con seis asistencias se complicó solo pero entre Guillent y Elvis Báez manejaron la situación, apoyados en un inspirado José Vargas.

Fue un partido de ánimos caldeados que puede ayudar a presagiar lo que será el viaje y la estancia en la “Caldera del Diablo” el próximo fin de semana. Robinson tuvo un careo con Gregory Vargas y hubo otro entre Luis Bethelmy y Michael Carrera.

En este sentido cobran mayor importancia las palabras de José “Grillito” Vargas justo al concluir el segundo partido en la capital larense, cuando a se refirió a que en Guaros hay “una unión que ellos no tienen”.

Y es que fue muy llamativo observar al joven Carrera, quien ya tuvo un incidente en la isla de Margarita durante la final de la Conferencia Oriental, gritar a su propio coach en un momento del primer juego. Eso le costó la titularidad para el segundo.

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