Cerraron nuevamente la Circunvalación

Desde haces varios días, habitantes del sector La Tomatera y Las Clavellinas han trancado la Circunvalación Norte, con el objetivo de hacer presión a las autoridades regionales para que se dejen de promesas y solucionen los problemas de estas comunidades, olvidadas por los entes gubernamentales.
No poseen cloacas y los pozos sépticos ya no se dan abasto, al punto de que algunos niños y personas mayores se han visto enfermos por la contaminación que existe en la zona. Tampoco tienen sistema de alumbrado y mucho menos asfaltado.
El transporte público no pasa por la comunidad y las personas que allí habitan deben caminar hasta 4 kilómetros para poder tomar una buseta.
Los manifestantes indicaron que la alcaldesa Amalia Sáez estuvo en la comunidad en varias ocasiones y sólo dejó promesas, pues no colocó asfalto, alumbrado y cloacas como lo aseguró en una oportunidad.
Exigieron a las autoridades regionales visitar la comunidad y dar respuestas. Así mismo, esperan que las viviendas que prometió el para entonces gobernador Luis Reyes Reyes sean construidas, pues hay más ranchos que casas dignas.
Alrededor de 800 familias se encuentran en esta situación y los dirigentes de la comunidad indicaron que de no obtener respuestas en los próximos días, continuarán cerrando el paso por la Circunvalación, pues ellos también son pueblo y necesitan soluciones.
“Los gobernantes se gastan el dinero en carnavales. No nos interesan las rumbas que haga la Alcaldía o la Gobernación, necesitamos que nos arreglen nuestra comunidad. Basta de que la Alcaldesa gaste el dinero sólo por donde ella pasa; si quiere votos que venga y se moje en el barro porque las comunidades son las que la colocan en ese puesto”, expresó Sandra Véliz, habitante de La Tomatera.
Pero el problema va aún más allá: la falta de asfaltado en la zona ha hecho que la comunidad sea un camino de tierra que en tiempos de lluvia colapsa, dejando a sus habitantes incomunicados. Los niños no pueden salir a la escuela sin llenarse de barro. Además, la institución no cuenta con una cancha techada ni con los insumos necesarios para brindar a los niños una educación de calidad.
Aunado a ello, el agua que medianamente les llega por tuberías es salada y los recibos de pago llegan con altas tarifas a pesar de no tener medidor.
“Escuchamos sólo promesas, aquí no tenemos viviendas dignas como promete el Presidente, ni las condiciones mínimas para vivir bien. Están malgastando el dinero en parrandas y no trabajan en los problemas que realmente afectan a las comunidades”.
Foto: Simón Alberto Orellana

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