La noche que la Sucre no durmió

José Manuel Zaá | Fotos: Stiven Valecillos |

Como una jornada “terrorífica”, describieron vecinos, lo vivido en la urbanización Antonio José de Sucre, entre la noche del miércoles y madrugada del jueves, cuando efectivos de la Guardia Nacional (GN), Policía Nacional y Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), irrumpieron en los bloques 22 y 23 para causar destrozos, reprimir, efectuar detenciones “arbitrarias” y “sembrar el terror” en más de 400 familias.

Narraron testigos del hecho que todo inició como las 4:00 p.m. del 26, cuando un grupo importante de jóvenes se concentró  en la parte baja de los edificios para cerrar el paso vehicular en la avenida Libertador, entre calles 33 y 37.

“Todo estaba tranquilo e incluso  algunos aprovecharon para irse de aquí para prevenir”, indicaron.

Luego de tomar las calles adyacentes a la Sucre, comentaron, lo protestantes se cruzaron con varios simpatizantes oficialistas y se suscitó un breve intercambio de piedras que culminó tras la llegada de la GN. En ello, una bomba molotov habría caído sobre el techo del galpón de una cauchera situada en la calle 37.

 

Rompieron e ingresaron

Después de utilizar gases lacrimógenos y perdigones para acorralar a los manifestantes en los edificios de la Sucre, entre 6:00 y 7:00 p.m., los militares violentaron puertas e inulitizaron portones para acceder a la urbanización, por lo que vecinos empezaron a resguardarse en los apartamentos y las azoteas.

Los guardias, por su parte, disparaban “a todos lados” e intentaban meterse a algunas viviendas.

“Ellos pasaban golpeando las puertas y ventanas y gritándonos ‘les llegó la hora’. Yo estaba escondida, arrodillada y con los brazos en alto pidiéndole a Dios”,  señaló la señora Leda de Hidalgo, quien afirmó que nunca había visto un despliegue tan grande.

Al 0303 del bloque 22 de la Sucre ingresaron de manera violenta los guardias. Allí sometieron al dueño del apartamento, José Luis Chinchilla -adulto mayor-, y sacaron a unas 14 personas que se habían refugiado ahí tras la embestida intempestiva militar.

A él y a Peiner Rojas -vecino de Chinchilla, después de golpearlos con cascos y bastones, lo dejaron en libertad como a las 3:00 a.m. porque, supuestamente, ellos solo se encontraban “bebiendo”.

“Estabamos afuera como cualquier otra noche, se formó todo el alboroto y dejé la puerta abierta; en eso se metió la gente y la guardia (como unos ocho) también aprovechó. De aquí se llevaron hasta los bambinos que vendo”, narró Chinchilla

 

Pedían que se entregaran

Tras tomar la urbanización y arrinconar aún más a los encapuchados, una voz de mando, a través del parlante de una tanqueta militar, gritando nombre y apellido, le pidió a unas 20 personas que “se entragaran”.

La GNB obstruyó todo acceso a los edificios, mientras, como desde las 8:00 p.m., médicos intentaban tener acceso a los heridos que se escudaron en la azotea y prendieron fuego como señal de auxilio.

“Antes de caer en manos de la GNB prefiero tirarme de aquí”, le habrían telefónicamente algunos los jóvenes a sus madres.

Aunque algunos vecinos salían con sábanas a cuestas y manos en alto para intentar hablar con los guardias, estos recibieron lacrimógenas y disparos.

Fue el pastor Alvaro Rea, la única que persona que pudo negociar con los dos bandos y lograr que los miliatres se retiraran como a las 1:30 a.m.

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