“Viví en un rancho durante nueve años”

Daineleny Díaz, sufrió en carne propia la crisis habitacional que actualmente afecta a la mayoría de sectores populares de la ciudad, incluso, del país entero. Celebra, que después de nueve largos años, finalmente, el Estado le construye la casa de sus sueños, aunque menos ostentosa, se transforma en un domicilio que deja atrás el hacinado rancho de zinc donde convivía con su familia. Así lo describió.
“Viví nueve años en rancho; sufrimos necesidades distintas, pero siempre mantuve la esperanza de que saldríamos de ese lugar”, declaró la vecina de la comunidad, Guerrera Ana Soto, en la parroquia Unión. Un calor inclemente, cada vez que arreciaba el sol o, frías noches y madrugadas, que traspasaban las delgadas láminas de zinc, eran parte del acontecer para la familia Díaz.
Sin dejar a un lado, la falta de espacios para el compartir familiar. Cuando habitan en rancho, sólo caben dos o tres camas, como máximo, la nevera, cocina, clóset y demás enseres. A duras penas, pueden movilizarse de un sitio a otro. La comunidad Guerrera Ana Soto, sin duda, conoce de estos sinsabores cotidianos, por cuanto existe todavía una alta población vecinal sin un techo digno, como lo describen ellos mismos.
No obstante, hay una batalla por librar y, por fortuna, la barriada se esmera en lograrlo. Las numerosas familias que integran el sector, salen al frente de sus problemas económicos y sociales. Gestionan recursos en los organismos habitacionales, en pro de los hogares con menos recursos económicos. Mario Gallardo, miembro del consejo comunal, declaró que están aprobadas otras 110 casas para el sector, permitiéndoles acercarse a una mejor calidad de vida.
Por lo pronto, la Alcadía de Iribarren y a través del Consejo Federal de Gobierno, prosiguió el dirigente vecinal, aportan los presupuestos para la construcción de las casas. El ingeniero Giovanni Mendoza, por el Instituto Municipal de la Vivienda, declaró que los inmuebles constan de seis metros de frente por 18 metros de fondo (tres cuartos, baño, sala y cocina.
Sin servicio eléctrico
Resulta preocupante el servicio clandestino de electricidad. Los vecinos no tienen otra opción. A pesar que Corpoelec, está al tanto de la situación, no instalan los postes que permitirían a los hogares de la comunidad Guerrera Ana Soto, vivir sin el riesgo de posibles descargas eléctricas. Cables de alta tensión, cuelgan de los ranchos, generando un verdadero peligro.
Además, hay que considerar los daños que sufren los electrodomésticos con los apagones. Las reparaciones de estos aparatos, ameritan incluso una cuarta parte del salario mínimo, que en una comunidad tan humilde, es muy difícil de conseguir.
El consejo comunal, informaron sus voceros, espera que Corpoelec lleve a cabo el proyecto de instalación de servicio este mismo año, de este modo, la comunidad estará tranquila y, por otra parte, terminarán los gastos en arreglos de artefactos, cuestión que genera gran molestia entre los habitantes.
El resto de los servicios, en la medida que construyan las viviendas, serán instalados poco a poco, al menos, es la versión que mantiene la organización vecinal que representa a la barriada, constituida hace diez años aproximadamente.
Sólo que hay prisa por algo: salir de abajo lo antes posible. Se trata de abandonar los ranchos de zinc, por viviendas confortables, es el anhelo de todos los que aún esperan por ser beneficiados.
Los sectores tres y cuatro, por ejemplo, están a la espera de la instalación de la red de clocas. El uso de pozos sépticos, representa contaminación y malestares a la salud que en nada favorecen a los adultos y niños del vecindario que posee grandes extensiones de tierra.
Foto: Elías Rodríguez

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