Reconocen el cadáver de su familiar por el periódico

José Manuel Zaá | Iván Piña |

“¡Alex! ¡No mi Alex! ¿Quién te hizo esto? ¿Qué hicimos nosotros para merecer esto mi Dios?”, fueron los gritos de dolor que soltó Carmen Reinoso, como a las 12:00 p.m. de este jueves, al ver el cuerpo sin vida, boca abajo y en estado de descomposición de su sobrino, el cual yacía debajo de uno de los puentes -conocidos como Los Morochos- que se encuentran en la carretera vieja hacia Carora, a la altura del sector Las Lechosas, municipio Jiménez del estado Lara.

Basura y hojas secas rodeaban al cadáver que era sobrevolado por aves carroñeras.

El terrible hallazgo fue realizado por habitantes de la zona en el transcurso de la tardes del martes por el hedor, pero los familiares del hoy occiso se enteraron del mismo el día miércoles. Las alarmas se encendieron tras leer la noticia por los medios de comunicación de la región.

Horas de búsqueda sin éxito por la desolada vía hacia Carora protagonizaron los allegados del occiso. Fueron los zamuros merodeando que dieron el indicio que terminó por confirmarse.

Totalmente afligidas y en negación se mostraron la hermana y la tía de la víctima fatal, quienes rompieron en llanto inmediatamente después de asomarse en el puente.

La correa roja que vestía, una franela morada y los zapatos hicieron que Alexis Antonio Graterol Reinoso, de 28 años de edad, fuese reconocido, puesto que de su rostro quedó puro hueso y la piel de brazos y espalada estaba teñida de negro.

“Yo le lavo la ropa a mi hijo y sé que esa es su franela”, dijo la madre del difunto a EL IMPULSO, a las afueras de la morgue del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, puesto que ella “no tuvo el valor” para trasladarse al sitio en donde lanzaron a su hijo.

 

Desaparecido desde el viernes

Alexis Antonio, comentó  Carmen, era un “charlero” que pedía dinero a bordo de las unidades de transporte público que hacen parada en la avenida Vargas con avenida Venezuela.

Ahí ofrecía tarjetas religiosas a cambio de efectivo y también, algunas veces, hacía trabajos de albañilería. Lo conocían como El Loro.

La última vez que sus seres queridos lo vieron fue la noche del viernes, cuando salió de su hogar a beber con unos amigos en San Lorenzo, localidad en la que vivía. Era el mayor de seis hermanos.

“Uno no puede tapar el sol con un dedo y no se sabe que más hacía después de charlear. No era un muchacho que iba a hablar bien, tenía un retraso, hablaba como un niño. Era un títere”, declaró su tía.

Aunque fuentes policiales aseguraron que Graterol era un hampón, sus familiares sostuvieron que era una persona sana, que no presentaba registro policial y “únicamente peleaba con sus hermanos”.

Las autoridades presumen que el hecho del móvil sea venganza. No obstante, empezaron las investigaciones para determinar la causa de muerte y esclarecer el crimen.

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