Arquidiocesana: Evangelicemos

Mons. Antonio José López Castillo Arzobispo de Barquisimeto |

Me envió a evangelizar… dice Jesucristo

Evangelizar, quiere decir; llevar a la humanidad el evangelio, como buena noticia de salvación. El evangelio realiza la victoria de Dios sobre la maldad. Es la fuerza Divina y Salvación, a favor de la persona humana.

Ese evangelio tiene que ver con el reinado victorioso y permanente de Dios.

Cristo, es esa buena noticia salvadora. Por eso Jesús es el evangelio (Marcos 1,1); los Ángeles anunciaron su nacimiento como un evangelio o buena noticia: “dejen de temer, pues les anuncio una gran alegría, les ha nacido un Salvador que es el Cristo Señor, en la ciudad de David” (Lucas 2,10-11)

En efecto Dios ofrece un camino de renovación y realización: “ya que el vino nuevo, se echa en odres nuevos…” (Marcos 2,22). El espera que la persona humana, ponga su existencia en función del evangelio, de tal manera que “el que quisiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida, por causa mía y del Evangelio, la salvará” (Marcos 8,35)

Ahora bien, los llamados por excelencia a esa vida según el Evangelio, son los pobres de espíritu, “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mateo 5,3), también son bienvenidos los que se sienten pecadores”,… porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla, será ensalzado” (Lucas 18,14) e incluso los paganos, los alejados, “al oírlo se admiró y dijo a los que lo seguían: en verdad les digo que en ninguno en Israel encontré tanta fe. Les aseguro, pues que muchos del Oriente y del Occidente vendrán y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino, pero otros serán arrojados a las tinieblas: allí será el llanto y el crujir de dientes” (Mateo 8, 10-12).
Así pues, Jesús resucitado, ordena a los Apóstoles que “vayan por todo el mundo a proclamar el Evangelio a toda la creación” (Marcos 16, 15) y “…a todas las naciones” (Marcos 13,10)

Es necesario llevar el mensaje Salvador de Cristo, sus enseñanzas, sus valores a todos los seres humanos, ya que esa fe como don, es la luz que iluminará la vida y decisiones de las personas.

Es necesario evangelizar de tal manera que se vuelva a Dios, por los caminos de la motivación y exigencia convincente.

Lo que importa es que mujeres y hombres escudriñemos la Sagrada Escritura, y sea la Palabra de Dios alimento y fuerza en nuestro trabajo y en nuestra historia.

Que interesante es que nuestro pueblo valore consciente y libremente la Santa Misa, la entienda, la viva y sea sustentación de su fe. Qué grandioso sería el que nuestros creyentes se esfuercen en ser justos, responsables, honestos e irradien criterios sanos a su alrededor.

No en vano, la verdadera fe, es la Salvación para esta vida y para la otra. Por eso, el Santo Padre Juan Pablo II nos insistió tanto en lanzarnos con decisión y entusiasmo a la Nueva Evangelización en América Latina y en el mundo.

¿Matas a tu hermano con tus celos y envidias?

Vaticano, 21 Ene. 16 / (ACI).- Que Dios nos libre de los pecados de los celos y envidias, porque por ellos entregaron y mataron a Jesús, y podemos llevar a un hermano a la muerte, expresó el Papa Francisco.

“Pidamos también al Señor la gracia de no entregar nunca, por envidia, a un hermano a la muerte… cada uno tiene sus pecados, cada uno tiene sus virtudes. Son propias de cada uno. Ver el bien y no matar con los chismes, por envidia o por celos”…

…Los celos son una “enfermedad” que vuelve y lleva a la envidia,…“¡Qué cosa fea es la envidia! Es una actitud y un pecado feo. En el corazón, los celos o la envidia crecen como mala hierba: crece y no deja crecer la hierba buena. Todo lo que le parece que le hace sombra, le hace mal. ¡Nunca está en paz! ¡Es un corazón atormentado, un corazón feo! Además, el corazón envidioso lleva a matar, a la muerte. Y la Escritura lo dice claro: por la envidia del diablo, entró la muerte en el mundo”.

…“pidamos al Señor que nos dé la gracia de no abrir el corazón a los celos, de no abrir el corazón a las envidias, porque estas cosas llevan siempre a la muerte”.

Evangelio

Lucas (1,1-4;4,14-21): En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, entró en la sinagoga, le entregaron el libro del profeta Isaías y, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mi, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.» Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba, toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.» Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.

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