Arquidiocesana: Todo es equilibrio

Mons. Antonio José López Castillo Arzobispo de Barquisimeto |

Conscientes estamos de la importancia del trabajo diario, como también de lo grandioso del espíritu de superación. Es necesario en la vida tener iniciativa, no dormirse, saber actuar

Sin embargo, lo grave es cuando se extremiza la preocupación en una sola dirección. A veces sucede que alguien se dedica tanto, por ejemplo a la política, que olvida incluso a su esposa o a su esposo, a sus hijos, a su familia.

Cuantas veces, alguien se mete en sus estudios y se olvida hasta de Dios, por que dice no tener tiempo para nada más.

En el mundo de la empresa, existen tantas posibilidades, tantos negocios, tantas oportunidades; como también se busca la información día a día y las relaciones públicas, exigen y piden tiempo; pero quien se deje absorber por ese mundo social, fácilmente puede dejar a un lado su hogar, la misma sensibilidad humana y hasta su fe.

Este desequilibrio ha traído nefastas consecuencias a todos los niveles.

Como también sería sumamente negativo, el que de pronto una persona se dedique solamente al apostolado, sea cual fuere, descuidando su trabajo y también desentendiéndose de los suyos, es decir, de su familia. Esto es fatal.

Por ello, qué interesante es saber realizar una dimensión sin descuidar la otra, qué útil es el equilibrio en la vida.

Por eso, qué positivo sería el que tomando muy en cuenta a Dios, desde la fe en Él, se trabaje responsablemente, se atienda pues, al cumplimiento del deber, pero dándole a la familia el lugar y el tiempo que merece, porque éste también es un deber y un derecho.
Así pues, todos podemos combinar en perfecta armonía nuestros deberes para con Dios, los deberes para con la sociedad, el trabajo de cada día y el afecto familiar.

Es necesario que se saque tiempo para estar con la esposa u esposo, con los hijos, conversar con ellos, salir con ellos, recrearse juntos, escucharlos, atenderlos; pero no se debe nunca descuidar el amor, paz y felicidad desde la familia. Porque conservándola, todo se gana, sin ella todo se pierde.

En fin es bueno pisar en firme sobre esta tierra, en la que vivimos, pero estando abiertos a la infinitud y a la trascendencia.

Una vida sin Dios es una vida gris, sin sentido, es una oscuridad asfixiante.

Por lo tanto busquemos a Dios constantemente. Vivamos con Él, porque ciertamente Él nos hará más libres y más felices, ya que Cristo sigue siendo hoy el Camino, la Verdad y la Vida, para el hombre que busca realizarse plenamente.

¡La paz es posible pero hay que orar!

Vaticano, 5 de julio / (ACI).- El Papa Francisco expresa el profundo dolor que siente por la guerra en Siria y las miles de víctimas por su causa desde que comenzó hace ya cinco años y asegura que existe una solución política y no militar, para lo que hay que orar.

“Es una situación de sufrimiento indescriptible, cuya víctima es el pueblo sirio, obligado a sobrevivir bajo las bombas o buscando vías de evacuación a otros países o áreas de Siria, menos desgarradas por la guerra: abandonan sus hogares, todo…”.

“También pienso en las comunidades cristianas, a las que mando todo mi apoyo, a causa de la discriminación que tienen que soportar”.

Francisco pide a los fieles “la construcción de una sociedad más justa” porque además “mientras que el pueblo sufre, una increíble cantidad de dinero se gasta para proporcionar armas a los combatientes”.

“Algunos de los países proveedores de estas armas también se encuentran entre los que hablan de paz. ¿Cómo se puede creer en quienes con la mano derecha te acarician y te golpean con la izquierda?”, se pregunta.

El Papa anima entonces a adultos y jóvenes “a vivir con entusiasmo este Año de la Misericordia para vencer a la indiferencia y proclamar con fuerza que ¡la paz en Siria es posible! ¡La paz en Siria es posible!”.

“… Unamos fuerzas, a todos los niveles, para asegurarnos de que la paz sea posible en la amada Siria. ¡Esto sí que será un grandioso ejemplo de misericordia y amor vivido por el bien de toda la comunidad internacional!”

 

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