Arquidiocesana 25-09-16

Arquidiócesis de Barquisimeto/Foto: Cortesía |

“El avaro y el enfermo abandonado”

Nuestro Señor, como extraordinario pedagogo, solía escenificar a través de parábolas o historietas sumamente elocuentes, sus grandes enseñanzas. En esta oportunidad nos presenta la maldad y nefastas consecuencias de la avaricia en la vida de los hombres. En efecto nos refiere la anécdota que existía alguien que vestía con un lujo excesivo y chocante, quien además vivía de orgía en orgía, abusando de la bebida y de las comilonas, sin importarle que a las puertas de aquella mansión se encontraba un enfermo muy pobre, sin recursos, abandonado por su familia y por todos; aquel hombre cubierto de llagas, necesitaba medicinas y atención, incluso se moría de hambre y estaba expuesto a las molestias de los perros callejeros. Gráficamente vemos de un lado a una persona que lo tiene todo y del otro lado, a un ser humano que nada tiene, y se encuentra impotente ante su enfermedad y miseria.

Pero lo grave de esto es que a pesar de aquel cuadro de dolor, que amerita ayuda, no obstante para aquel codicioso, eso no significaba nada; fue incapaz de darle algo de comer, aunque fuese de lo que le sobraba e incluso botaba disolutamente. No le importó el sufrimiento ajeno, ni menos la enfermedad, ni tampoco el hambre; sólo le interesaba su placer, sus gulas y borracheras, y a los demás que los partiera un rayo. Hemos dicho que el dinero es necesario, se debe obtener honestamente y utilizarlo dignamente, pero hay gente que se hacen esclavos del dinero, lo adoran, se arrastran ante él, venden su conciencia, no les importa robar, invadir, cortar madera sin sembrar, traficar con droga, organizar mafias de robos de carros, y luego aparecer con el descaro más olímpico, y decir que son súper honestos y que ellos no tienen donde caer muertos, porque sus testaferros les cuidan sus fechorías; a estos no les conmueve ni los dolores ajenos, ni los niños abandonados, ni los enfermos marginados o no, sólo les interesa es llenarse y darse vida. También hay gente irresponsable que lo despilfarra todo en alcohol y juegos de azar, y ellos mismos construyen su mendicidad. Pero hay otros que tienen enfermedades y situaciones terribles no buscadas por ellos, y estos y los otros, necesitan de una ayuda, una solidaridad social, y más cuando han fallado por la politiquería, los servicios sociales.
De tal manera que ambos mueren, porque en eso si somos igualitos; pero en la eternidad y ante Dios justo juez, los papeles se cambian. Por cuanto el avariento fue a parar al infierno, convirtiéndose en un pobre mendigo de felicidad para siempre; en cambio aquel enfermo abandonado y sin recursos, que no se desesperó, luchó hasta el final por curarse y por mantener la fe, al morir es llevado al cielo, y se convierte en un hombre rico en felicidad, junto a Dios, en su gloria.

Es bueno recordar que el rico, se condena, no por ser rico, y el enfermo, se salva eternamente no por ser pobre o sin recursos, ya que esta es la tesis marxista leninista que fracasó con su imperio; no es tampoco la tesis liberal, del materialismo, que ha caído también por inhumano; sino que el primero se pierde por su egoísmo, su avaricia, su falta de fraternidad y solidaridad con el hermano necesitado y el segundo se salva por su capacidad de lucha por curarse y por no perder su confianza en Dios y tampoco odiar aquel hermano equivocado. Lo más grave, es que con la muerte, no hay marcha atrás, a partir de allí se decide nuestra suerte,, conforme a nuestro proceder en la vida. Procuremos pues crecer en el amor al trabajo y en el espíritu de cooperación y de solidaridad, para que vivamos en dignidad y felicidad en esta vida llena también de valores y antivalores, y a la vez gocemos de la gloria y gozo de los hijos de Dios eternamente y recordemos de qué sirve ganar el mundo entero, si nos perdemos para siempre; lo hermoso es triunfar en esta vida y en la otra.

Mons. Antonio José López Castillo
Arzobispo de Barquisimeto

S.S. FRANCISCO

El Papa Francisco puso el acento en la importancia de perdonar y donarse a los otros, porque “Si Dios nos ha perdonado, ¿cómo no vamos a hacerlo nosotros?”.

“El amor misericordioso es el único camino a recorrer” por lo que “no debemos olvidar de la misericordia y el don, el perdón y el don, y así el corazón se hace grande en el amor, sin embargo el egoísmo y la rabia crea un corazón pequeño y duro como una piedra, ¿qué preferís vosotros?, ¿un corazón de piedra?”.

“El perdón es el pilar que sostiene la vida de la comunidad cristiana porque muestra la gratuidad del amor con el que Dios nos ha amado primero”. Así, “el cristiano debe perdonar, porque ha sido perdonado.

“no tenemos el poder de condenar a nuestro hermano que se equivoca, no estamos por encima de ellos: tenemos más que nada el deber de recuperarlo para la dignidad de hijo del Padre y de acompañarlo en su camino de conversión”.

Pero, existe otro pilar fundamental: “donar”. “Dios dona bien más allá de nuestros méritos, pero será todavía más generoso con cuantos aquí en la tierra hayan sido generosos”.
…con la medida del amor que demos decidiremos nosotros mismos como seremos juzgados”

Evangelio

Lucas (16,19-31): En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Sucedió que se murió el mendigo, y se murió también el rico. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, el rico gritó: “Padre Abrahán, ten piedad de mí …Abrahán le contestó: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Palabra del Señor. Gloria a Tí, Señor Jesús.

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