Arquidiocesana: El Poder de la Oración

Mons. Antonio José López Castillo Arzobispo de Barquisimeto |

Todos hemos podido comprobar, de mil formas, lo que significa de un modo especial la mamá para un niño, como él si está con su madre, sin saber cómo se llama, ni qué edad tiene, se siente seguro.

El percibe que ese ser, no le va a dañar, ni a abandonar, ni hacerle sufrir. El se siente querido. Esa niñita o niñito sólo llora si se siente enfermo, o necesita alimento, de lo contrario se siente bien en brazos de ella.

De esta manera, cuántas sonrisas  indescriptibles se cruzan entre una madre y un hijo por pequeño que éste sea.

En efecto, como ha dicho un lírico, las primeras estrellas que descubre un bebé son los ojos tiernos de su madre.

Al mismo tiempo esa mamá o papá, es capaz de quitarse el pan de la boca, para entregárselo con gusto a su hijita o a su hijito. Y cuando el peligro acecha, esa madre algunas veces débil físicamente, se transforma en una pantera, para defender, y dar su vida si hace falta, para salvar la vida del ser de sus entrañas.

Pues bien, cómo una buena madre y un buen padre, son capaces de escuchar  y atender las exigencias verdaderas de sus niños. A fin de cuenta por ellos luchan, trabajan y se sacrifican y sólo desean su bien. Y cuando en un momento difícil para esos hijos, ellos acuden y claman a sus padres, éstos les saben responder con prontitud y generosidad sin límites.

Si referimos todo esto a Dios, que es Padre por excelencia por lo tanto en forma infinita, que no hará Él a favor de esos hijos que han puesto su confianza en su amor y en su poder.

Así pues, si nosotros a través de la oración como comunicación con Dios, lo adoramos, lo reconocemos como nuestro Creador y Salvador, como principio y fin, entonces nuestro ser todo experimentará el Poder Divino.

Cuando en la plegaria como conversación con nuestro Padre-Dios le damos gracias por sus bondades sin fin, y le pedimos perdón por nuestras culpas, entonces sentiremos el gozo de la misericordia de ese buen Dios. Y cuando en la vida como hijos débiles, nos sentimos en peligro, por alguna razón o circunstancia especial; si clamamos con sinceridad y plena confianza a ese Dios del cielo y tierra, el Dios Omnipotente acudirá de mil maneras y formas en nuestra ayuda.

Porque de algo si podemos estar seguros, no nos abandonará jamás.

Como testimonio de todo esto, hemos visto en buena parte a los mineros en Chile que al llegar a la superficie de la mina, daban gracias a Dios que los salvó de la muerte, a través del apoyo de todo un pueblo y del mundo entero.

Procuremos pues, actuar con recta intención y siempre en dirección al bien. Ese Padre Celestial cuidará de nosotros, es más, nos protegerá, por que Él desea nuestra verdadera felicidad.

Oremos con gusto y actuemos con rectitud y no temamos porque Él nos ama eternamente y sonriendo nos dice siempre ¿Acaso Dios no defenderá a sus escogidos, que claman a Él, día y noche? (Lucas 18,7).

 

Evangelio

Lucas (18,1-8) En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario.” Por algún tiempo el juez se negó, pero después se dijo: “le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara.”» Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?» Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

¿Quieres echar de ti el egoísmo, la codicia y la soberbia?

El Papa te da este consejo

VATICANO, 21 Sep. 16 /(ACI).- VATICANO, 11 Oct. 16 / (ACI)- El Papa Francisco señaló que el verdadero camino es el de la humildad y la humillación, como mostró el mismo Jesús, porque es la única manera “para echar de nosotros el egoísmo, la codicia, la soberbia, la vanidad, la mundanidad”.

“La redención viene del camino de la humildad y de la humillación porque no se llega nunca a la humildad sin humillación”, subrayó invitando a ver “a Jesús humillado en la cruz”.

“Esto Jesús se lo repite muchas veces en el Evangelio: ‘vuestro interior es malvado, no es justo, no es libre. Sois esclavos porque no habéis aceptado la justicia que viene de Dios, la justicia que nos ha dado Jesús”.

…Jesús pide rezar sin hacerse ver, sin apariencias, …como el “camino de la humildad”. “Lo que importa –explicó– es la libertad que nos ha dado la redención, que nos ha dado el amor, que nos ha dado la recreación del Padre”.

“Esta libertad interna, esa libertad que hace el bien estando escondido, sin hacer sonar la trompeta. Porque el camino de la verdadera religión es el mismo camino de Jesús: la humildad, la humillación”.

Francisco invitó a ser humildes según el ejemplo de Jesús. “Él nos llama, nos invita a hacer el bien con humildad”.

“Pidamos al Señor no cansarnos de recorrer este camino, … e ir haciendo el bien de manera silenciosa, gratuitamente … Pidamos esta gracia”.

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