“Juan, testigo de la luz”

En este evangelio de Juan 1,6-8.19-28 aparece con toda claridad, la humildad de Juan Bautista, cuando le preguntan: ¿Quién eres tú? Él responde con total sinceridad: Yo no soy el Mesías, e insisten, entonces eres Elías, ¿eres el profeta? Y repite: no lo soy.

Él acepta, sin rodeos, que no es el Mesías, no es el Salvador, y afirma: yo soy la voz que grita en el desierto, enderecen el camino del Señor, es decir arrepiéntanse, para que se les perdonen los pecados, y por esto, muchos, fueron bautizados por Juan. Él se muestra como el que anuncia al Salvador, e indica que Jesús es la Luz, es la verdad, es el Redentor, por eso bautizara con el Espíritu Santo.

Juan solo buscaba preparar los caminos del Salvador, procurando que los vicios y pecados disminuyan, y que las virtudes y valores crezcan, en el corazón humano. Entonces Juan que usaba un vestido de pelo de camello, ceñido con un cinturón de cuero y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre Mc. 1, 6, nos invita a celebrar una navidad austera en Cristo, que nace en la historia, en la Liturgia, y que quiere nacer en nuestras vidas, y en nuestras familias, por la fe; que procuremos que Cristo renazca en nuestros corazones, por la oración, la palabra, los sacramentos, los mandamientos y la bienaventuranza; de esta manera el pesebre, en el hogar, nos recordará ese renacer; las luces, nos mostrarán a Jesucristo, como Luz Salvadora, verdad plena; la música de navidad, nos dirá que en Cristo, recuperamos la paz y la alegría profunda; las tarjetas, nos invitarán a comunicarnos, a dialogar, a reconciliarnos y a comprendernos.

La cena navideña, es querer en JESUS, buscar caminos de solidaridad y de comunión.
Navidad no puede ser tiempo de excesos, derramamiento de sangre, ni de egoísmo, se nos motiva, a ser austeros y solidarios con todos, especialmente con los más necesitados.

Por lo tanto, procuremos acudir al sacramento de la reconciliación, para recibir al Niño Dios, con un corazón limpio, para comportarnos en la vida como convencidos discípulos de Cristo, y misioneros, en el corazón del mundo. Sigamos preparándonos, a celebrar una Navidad en la fe y en familia.
Que así sea.

 

Evangelio

 

Juan (1,6-8.19-28): Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?» Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías».
Le preguntaron: «¿Enton-ces, qué? ¿Eres tú Elías?» Él dijo: «No lo soy» «¿Eres tú el Profe-ta?» Respondió: «No» Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?». Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías». Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Enton-ces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia». Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando. Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

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