Notas Pastorales – III DOMINGO DE ADVIENTO/C (13/12/2015)

Cortesía |

Papa Francisco evoca a la familia para explicar cómo es la misericordia de Dios

Dios se ha enamorado de nuestra pequeñez y su misericordia es como la caricia del papá o la mamá que cuando estamos asustados nos dice “no tengas miedo de tus pecados (…) yo estoy aquí para perdonarte”, afirmó el Papa Francisco.

“El Señor es misericordioso y grande en el amor”, afirmó el Papa, dos días después de haber inaugurado el Jubileo de la Misericordia. Francisco desarrolló su homilía partiendo de la  primera Lectura –tomada del libro de Isaías– donde en un monólogo del Señor se comprende que Dios ha elegido a su pueblo “no porque fuera grande o poderoso”, sino “porque era el más pequeño de todos, el más miserable de todos”.

“El Señor quiere tomar sobre sí nuestras debilidades, nuestros pecados, nuestros cansancios. Jesús cuántas veces hacía sentir esto y después: ‘Vengan a mí, todos ustedes que están fatigados, agobiados, y yo les daré descanso. Yo soy el Señor tu Dios, que te tengo por la derecha, no temas pequeño, no temas. Yo te daré fuerza. Dame todo y yo te perdonaré, te daré paz”, señaló el Papa

El Papa concluyó su homilía invitando a los fieles a pedir “al Señor que despierte en cada uno de nosotros, y en todo el pueblo, la fe en esta paternidad, en esta misericordia, en su corazón. Y que esta fe en su paternidad y su misericordia nos haga un poco más misericordiosos con los demás”.

“JUAN BAUTISTA, EL PRECURSOR”

“El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías, él tomó la palabra y dijo a todos: yo los bautizo con agua pero viene el que puede más que yo, y a quien  no merezco desatarle la correa de sus sandalias” Lc. 3,15-16). Juan reconoce que él no es el Mesías.

Juan el Bautista es un personaje muy especial en la historia de la salvación. Ya que es más que un profeta, es el precursor del Señor: “Y tu niño serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos” (Lc. 1, 76).

Ya el nacimiento de Juan es un Prodigio por cuanto es engendrado por una Madre hasta ese entonces, estéril. Él fue consagrado a Dios desde su nacimiento: “Y no tenían hijos, porque Isabel no podía tener familia, y ambos eran de avanzada edad. Porque tu hijo ha de ser grande ante el Señor. No beberá vino, ni licor, y estará lleno del Espíritu Santo, ya desde el seno de su Madre” (Lc. 1, 7-15).

Se le ve por tanto como un nuevo Elías, por su vinculación con él en cuanto a su manera austera y penitente de vivir. “Y le precederá con el espíritu y el poder de Elías para convertir los corazones” “Juan tenía un vestido de pelo de camello, con un cinturón de cuero y su comida eran langostas y miel silvestre” (Mt. 1, 17; 3,4).

Juan va haciendo escuela, tiene sus seguidores y discípulos, es visto como maestro. “Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos” (Jn. 1, 35). Él les enseña a orar y a hacer ayunos. “Llegan y le dicen, ¿por qué los discípulos de Juan y los fariseos ayunan y en cambio los tuyos no ayunan?” (Mc 2,18).

Él anuncia, predica la vuelta a Dios, invita al arrepentimiento del mal, y la búsqueda sincera de Dios. Todo esto lo realiza el precursor, a través de un baño ritual, unido al arrepentimiento de los pecados, con la exigencia de un esfuerzo de renovación. Él enseña desde su vida y sus palabras, la autoridad de vida.

Por supuesto, encontrará enemigos gratuitos; que lo perseguirán: En efecto los conocedores de la Ley lo desprecian, lo rechazan: “Pero los fariseos y doctores de la Ley frustraron el Plan de Dios para con ellos no haciéndose bautizar por él. Porque vino Juan el Bautista que no come, ni bebe vino, y decían es un poseso (Lc. 7, 30-33).

Juan aparece con una presencia humilde y sencilla. Sabe reconocer de inmediato no sólo que no es el mesías, sino que no es digno ni siquiera de desatar las sandalias del Salvador (Jn. 1, 19ss). Él es autentico y decidido, al denunciar la vida inmoral del Rey Herodes, aún cuando todo esto lo lleve a la prisión y a la muerte (Mt. 14,3ss)

Jesús, lo elogió, diciendo: “Juan es la antorcha que arde y brilla” (Juan 5,35). y añade: “En verdad les digo, que no ha surgido entre los hijos de mujer, uno mayor que Juan el Bautista” (Mt 11,11). En fin, Juan Bautista, es una voz que sigue clamando en la historia, a fin de que celebremos una Navidad llena de austeridad, fraternidad, en fe profunda y en familia.

Mons. Antonio José López Castillo, ARZOBISPO DE BARQUISIMETO

Evangelio

Lucas (3,10-18): En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «¿Entonces, qué hacemos?» Él contestó: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.» Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?» Él  contestó: «No exijáis más de lo establecido.» Unos militares le preguntaron: «¿Qué hacemos nosotros?» Él contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie.» El pueblo estaba en expectación, y se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.» Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

NOTA

Se informa que la Curia Arquidiocesana laborará hasta el 16/12/15 y reanudará sus actividades el día 05/01/16

 

 

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