Notas Pastorales – Vigésimo Quinto Domingo del Tiempo Ordinario /B: Sencillez

“El que recibe a uno de estos pequeños en mi nombre, me recibe a mí…” (Marcos 9,37)

Servir a Dios, es una dimensión honorable para sus seguidores.

Dios siendo el Omnipotente y la bondad por excelencia, le recuerda a su pueblo: “Adorarás al Señor tu Dios, y a Él, solo servirás” (Mateo 4,10).

Ahora bien, este servicio se debe demostrar en la adhesión a Él en el culto y en la vida diaria.

Ese servicio implica sencillez, que conlleva a la rectitud del corazón y se opone a la doblez.

La sencillez no puede ser ignorada a los que escuchen su palabra (Proverbios 1,4)

Esa sabiduría, hace sabios a los sencillos (Salmo 19,8). La imprudencia es propia de quienes, demasiados confiados en sus cualidades, olvidan la sabiduría serena y sincera.

Por lo tanto la fe humilde, es el primer paso en el camino de la sencillez de los hijos de Dios (Filipenses 2,15). Además en esta misma dirección el que busca al Señor debe hacerlo en una sencillez transparente, que aleje toda falsedad. “…Piensen del Señor con rectitud, búsquenle con sencillez de corazón” (Sabiduría 1,1)

Nada debe falsear la intensión del sencillo “Por tu parte si andas en mi presencia, como anduvo David, tu padre, con pureza y rectitud de corazón, haciendo todo lo que te he mandado, y si guardas mis leyes y Mandamientos, yo consolidaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, según tengo prometido a David…” (1 Reyes 9,4-5).

El sencillo desde su fe, no utiliza subterfugios, ni en su comportamiento, ni en sus palabras (Eclesiástico 5,9).

El sencillo recibe con calor y llaneza, pero también ofrece con generosidad sincera, su amistad (Romanos 12,8)

El ser humano sencillo mira con franqueza, sin torcidas maniobras.

Solo la recta intención ilumina su existencia, y esta actitud lo hace prudente: “He aquí que los envío, como ovejas en medio de lobos. Sean pues, prudentes como las serpientes y sencillos como palomas” (Mateo 10,16) Ciertamente que prestamos un gran servicio a los demás, cuando lo hacemos con sencillez.

La prepotencia nos aísla, nos aparta de Dios y de los seres humanos. Los prepotentes caen; cuantos que se han creído el ombligo del mundo, han descendido, pero muy profundo; el creído se imagina que es un dios, y se olvida que también usa zapatos; procuremos vivir en vida llana y alegre, porque Dios nos recuerda que, los primeros seremos últimos y los últimos serán primeros.

En cambio cómo hace bien la cercanía hacia los demás, unido esto a una disposición de sinceridad.

Conservemos esa sencillez de vida, ya que las discriminaciones políticas, económicas, raciales, o religiosas, se hacen sumamente chocantes, y desdicen de nuestra historia, por cuanto hemos sido un pueblo caracterizado por la igualdad, libertad y sencillez de vida. La sencillez engrandece.

La soberbia humilla y autodestruye.

Evangelio

Marcos (9,30-37): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea;…Llegaron a Cafarnaún, Jesús llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.» Y, acercando a un niño, les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.» Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Santo Padre

Da vergüenza el aumento de niños y mujeres forzados a ganarse la vida en la calle

Vaticano, 17 Sep. 15

El Papa Francisco denunció hoy el “preocupante” aumento de niñas y mujeres que “se ven obligadas a ganarse la vida en la calle, vendiendo el propio cuerpo, explotadas por las organizaciones criminales y a veces por sus parientes y familiares”. Esta realidad “es una vergüenza de nuestras sociedades”

“Cada niño abandonado o forzado a vivir en la calle, convirtiéndose en presa de las organizaciones criminales, es un grito que se eleva a Dios,…es un grito de acusación a un sistema social que criticamos desde hace décadas, pero nos resulta difícil cambiar según los criterios de justicia”.

“La misericordia es el acto supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro, es la vía que abre el corazón a la esperanza de ser amados siempre”.

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