#OPINIÓN Buena Nueva – ¿Quién ganará?

Isabel Vidal de Tenreiro | Foto: Archivo/Referencial |

Cuando se siembra una semilla, uno casi ni se da cuenta cómo lentamente se convierte en planta. Y germina y crece porque Dios la hace crecer.

Igual nosotros, crecemos física y espiritualmente por obra de Dios. Aunque no nos demos cuenta, Dios es quien lentamente nos hace crecer nuestra vida espiritual.

Pero una cosa sí es necesaria: que la tierra sea fértil. Igual nosotros. Tenemos que ser terreno fértil para que Dios pueda hacer crecer nuestra semilla interior. Así funcionan las cosas en el Reino de Dios.

Venga a nosotros tu Reino, rezamos en el Padre Nuestro. Y… ¿cómo es que ese Reino viene? Lo dice la frase siguiente: Hágase tu voluntad.

La semilla del Reino va creciendo en nosotros cuando buscamos y hacemos la voluntad de Dios en nuestra vida.

Si imaginamos a la semilla germinando dentro de la tierra … ¿se creerá que es ella la que se hace crecer a si misma? Igual con nosotros: si andamos bien encaminados,realizando obras buenas en nuestra vida espiritual, hay que recordar que ese crecimiento es obra de Dios.

¿Y no hay que hacer nada? Bueno, sólo un esfuercito para ser terreno fértil, pero el resultado es obra de Dios. ¿O es que no nos damos cuenta que hasta la capacidad de decidirnos y de esforzarnos nos viene de Dios?.

Esta parábola es también un llamado a la paciencia. La planta se tarda para crecer, ¿no?.

Entonces, como el proceso es lento, hay que tener paciencia y constancia para perseverar hasta el final. Esa es la gracia de la perseverancia final. Pero siempre confiando en Dios, recordando que –aunque tengamos que poner nuestro esfuerzo- no es uno mismo el que crece: es Dios Quien hace que nuestro esfuerzo y nuestras acciones tengan resultado.

Cuando Jesús nos habla sobre semillas y plantas, también nos habla del final, cuando menciona el momento de la cosecha. Y ¡ojo! nos habla de dos opciones: premio o castigo, según lo que hayamos hecho en esta vida.

A muchos hoy les gusta pensar que al final sólo hay premio. Es que además “Dios es infinitamente Misericordioso”, se oye decir.

Y eso es cierto. Pero Dios no es infinitamente alcahueta, para permitir que nos portemos de manera contraria a lo que El desea de nosotros. Dios es Justo y es Misericordioso.

De hecho, según Santo Tomás de Aquino, su Justicia viene primero y su Misericordia es una extensión de su Justicia. Dios es Misericordioso para hacer crecer nuestra semilla de santidad dándonos todas las gracias que necesitamos. Y es Justo para actuar de acuerdo a cómo hayamos actuado nosotros.

Hay semillas que crecen bastante, como la de la mostaza, que se convierte en un arbusto, donde las aves hacen sus nidos.

Cuando Jesús nos habla de la mostaza, está hablando de su Iglesia. ¿Quién hubiera pensado que aquel grupito de 12 hombres podía resultar en lo que es la Iglesia Católica hoy? ¿Quién hizo germinar esa semilla desde Jerusalén al mundo entero?

Y cuando parecía que la destruían, más fuerte se hacía y más crecía. Hoy también la Iglesia está acosada desde muchos ángulos, por dentro y por fuera. Dios también es atacado y negado.

Pero Dios sigue estando al mando. Aunque parezca que estamos perdiendo la partida, sabemos Quién gana. Y si cumplimos su Voluntad, de que ganamos, ¡ganamos!.

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