Cero pataletas 

Venezuela comienza el año descubriendo que el amor y el interés se fueron al campo un día. A medida que se desinfla el mito cubano va quedando al desnudo un “proceso” que jamás pasó de veleidosa alianza entre utopistas del patio y hampones criollos.

Lo único que le deja la Cuba roja a Venezuela son deudas incobrables, un chabacano remedo de eso que algunos llamaron comunismo, y un puñado de palurdos disfrazados de dictadores.

Hasta los teóricos comienzan a descubrir la realidad: “No se puede seguir hablando tanto pa’ no decir nada”, afirma el filósofo Nícmer Evans (Marea Socialista).
Los malandros van quedando solos, hundidos en un creciente marasmo de corrupción con gamelote. El detalle que falta son los inevitables pleitos de meretrices, con o sin guerreras, en el reparto de las sobras.

La guinda de la torta será cuando descubran que tanto chinos como rusos prestan como “hermanos del alma” … y luego se cobran con todas las de la ley.
Pero no hay mal que por bien no venga. Una de las peores cosas que le puede pasar a cualquier nación es la recurrente pesadilla peronista que intermitentemente azota a la Argentina.

Es preferible dejar que los mitos populistas se hundan en su propio excremento ideológico para que no vuelvan a resucitar jamás – cual vampiros – en el ingenuo imaginario de gente ilusa e ignorante.

A los neo-estalinistas del siglo XXI se les debe aplicar a fondo el célebre decir del diabólico Sergey Nechayev: “No basta con matar al adversario: Antes hay que despojarlo de su honra”.

Al observar desde cierta distancia una situación tan compleja y deprimente, acude a la mente esa vieja frase napoleónica: “jamás interrumpas al enemigo cuando está cometiendo un error”

Cuando la pandilla acorralada comienza a dar palos de ciego, lo último que se debe hacer es facilitarles burladeros, por mucha indignación que se sienta.
Si la actual agonía luego sirve de curva de aprendizaje y vacuna contra todo nuevo contagio de populismo perverso habrá valido la pena pasar por todo este quilombo.
En política triunfa quien menos se equivoca y la paciencia rinde frutos a los más astutos. Por algo los venezolanos de antes recomendaban “esperar en la bajadita” y que “del apuro queda apenas el cansancio”.

Cuando la fuerza bruta impone la crueldad, la estulticia y la sevicia sobre toda protesta decente, lo mejor es dejar que la fatal combinación colapse bajo el peso de sus propios errores…y canalizar rabias, frustraciones, descontento e indignación a lograr la mayor votación jamás lograda en elecciones parlamentarias. Cero pataletas.

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