EL DEBER DE LA UNIDAD

Ramón Guillermo Aveledo |

Este oficialismo que nos tiene acostumbrados a sus dislates económicos que arruinan a Venezuela y a los venezolanos, y a esas acciones que han deteriorado al extremo el tejido social, se había caracterizado hasta ahora por una sagacidad política, siempre ayudada en su falta de escrúpulos.
Sé que muchos piensan lo contrario, pero creo que ha cometido un serio error político que puede traerle severas consecuencias a sus planes de quedarse en el poder eternamente. Y lo ha agravado con la prohibición de la tarjeta unitaria. Acaso sea culpa de la soberbia de quien se siente sobrado engañado por el hecho de que juega con ventaja y hace trampa. La soberbia siempre es mala consejera.
Su decisión bárbaramente abusiva y descarada, golpe bajo a las negociaciones en Santo Domingo y debe suscitar la reacción nacional de unir al país entero ante un peligro tan grave e inminente, aunque no se lance en vuelo kamikaze. El gobierno de los comandantes del desastre muestra sus cartas descaradamente. Desafía a la comunidad internacional y al pueblo venezolano, retándolo a adelantar el fin de la película.
La disyuntiva no es participar o no en la convocatoria tramposa, es luchar o no luchar. La sociedad venezolana no va a desperdiciar ninguna oportunidad de lucha cívica, pacífica, porque es democrática en esencia y con ese sentimiento no se juega. El gobierno cree que ha demolido esa conciencia tan arraigada. Me parece que se equivoca. Cada forma de lucha tiene su oportunidad y la combinación de todas ellas sin renunciar a ninguna es la clave del éxito en esta pelea desigual. Lucha por el voto en elecciones libres, limpias y justas. Protesta cívica en todos los escenarios. Intenso uso de la tribuna parlamentaria y del debate en la opinión pública. Activismo internacional sostenido y bien fundamentado para promover la solidaridad con el pueblo venezolano. Y claro, diálogo y negociación con objetivos claros, como hicieron nuestros antecesores en África del Sur, en Polonia, en Chile.
He conversado con dirigentes principales de los partidos de la oposición. Entienden la gravísima crisis venezolana y, por lo mismo, la responsabilidad que les incumbe. Espero que aprovechen esta oportunidad de demostrarla.
La Unidad Nacional, única línea sensata en esta encrucijada de caminos, no se agota en la unidad de los partidos pero la requiere. Ella se concreta en una estrategia unitaria, un programa unitario y un líder unitario. La política exige definir, decidir y hacer. Nadie ha inventado otro modo.

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