Del Guaire al Turbio – Me rebelo

Alicia Álamo Bartolomé |

Las horas pasan en la incertidumbre y la esperanza, en duda y en temor. ¿Qué sucede? Estamos desinformados, puestos a un lado. En algunas elites, cúpulas o como las quieran llamar, de poder, se discute, se hacen componendas, para salvar los que ellos quieren salvar: continuar en el mandato con sus prebendas económicas y en el fracaso político que, a propósito de una defensa del pueblo, le ha dado la espalda a éste sumiéndolo en mayor pobreza, hambre, inseguridad, injusticia y hoy oscuridad: no sabemos qué ocurre, nos ignoran.

Como pueblo subdesarrollado, esperamos un Mesías. Nos equivocamos, el único Mesías, Dios y hombre, vino hace más de 2.000 años y algún día volverá a finalizar el tiempo. Ya está. Ningún hombre es Mesías. No ha habido ni habrá, un Mesías político. Ni los judíos lo esperan ya, se dejaron de tonterías y dedicaron todas sus fuerzas y capacidades, no a esperar, sino a construir y ahí tenemos al Estado de Israel, ejemplo de organización política, social, económica, educacional, científica, cultural y militar. Si tuvieron alguno, fue en negativo: Hitler, pero como Dios escribe derecho con renglones torcidos, de esa inmensa tragedia del Holocausto concebida por una mente criminal que exterminó a millones de hebreos, quedó en pie el resto que logró escapar del horror. El martirio hace crecer en fuerza espiritual, robustece la voluntad, el ímpetu para la lucha, la audacia y hoy tenemos un pueblo judío, tal vez menor en cantidad, pero mucho más robusto y capaz para enfrentar los retos del mundo actual. Hoy por hoy, el único baluarte y potencia contra el fanatismo islámico.

No caigamos en la estupidez de creer en hombres mesiánicos, menos si son militares. No existen. Grandísimo milagro sería que uno de éstos saliera del cuartel para convertirse en civil, democrático y convocar a elecciones limpias. Isaías Medina Angarita lo intentó y perdió. Peor que un golpe militar -uno sabe a que atenerse- es uno revestido de civilidad. Un engaño. La moda es ahora disfrazarse de constitucionalidad, mampara para la aprobación del mundo, donde no faltan muchos ingenuos, como hemos visto en la historia iberoamericana reciente: usurpadores del poder aplaudidos y defendidos porque llegaron por elecciones, ¡cómo si eso bastara! No es cómo se llega sino cómo se ejerce la autoridad concedida por voto popular.

Golpe clandestino. Suerte de reinado plebeyo constitucional, mantener la fachada con un pelele parlanchín… ¡y un tipo con todas las riendas en la mano! No soy profeta, menos político, pero vislumbro un panorama: el nuevo se pondrá del lado del revocatorio, incluso para este año; coqueteará con la oposición -ya se inició el 6 de diciembre pasado- y quién sabe si se postulará, contando con los de su lado, las trampas de siempre y los contrarios que prefieren que el cadáver de un país trate de resucitarlo otro. Miedo al fracaso, al heroico empeño por la patria, ¡que otro cargue con el muerto! Guardarse para más adelante, cuando quizás haya resucitado la nación y se despeje el camino hacia Miraflores. Volver al consabido más de lo mismo.

Me rebelo: ¡venezolanos, sacudamos la inercia, mantengamos la lucha por la libertad, la verdad, la justicia y la paz!

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