#OPINIÓN Desde aquí… (4)

Amanda de Victoria | Foto: Archivo |

Si muchos ven la etapa final de la vida con preocupación, por los dolores que les puedan llegar, por cómo afrontar los gastos médicos, por el miedo de morir en soledad, convertirse en una carga, en un estorbo o llegar a padecer el síndrome del mayordomo que se desliza como una sombra por la casa, tratando de complacer a todo el mundo para no perder el espacio, les invito a ver la vida de mi amiga Rosemary Velásquez de Quintero con quien llevo cincuenta y tres años de amistad y cuya alegría en todos estos años jamás le he visto disminuir. Ya pasa de los ochenta, con su esposo lleva una vida tranquila, bella, en paz y armonía alrededor de sus hijos cuyo cariño y respeto no necesitan lupa para confirmar. Ella es un paradigma de vida, ha demostrado a todos que –El secreto de la duración del buen humor y de la buena salud depende del espíritu de no perder nunca la sonrisa, las alegrías, la fe en sí mismo ni el entusiasmo, siempre erguido, con una actitud positiva ante la vida.

Cuando uno escribe le hace a todo lo que se presente en el camino, he aquí un ejemplo de nostalgia plasmada en mi desparramada prosa:

Sobre mis ilusiones ¡llueve fuerte!  En mi desordenado poema, a veces me detengo pensando en solitario qué ha pasado y cómo veo la vida a estas alturas de los años, después de haber creído en tantas cosas del arte de vivir y de la gloria. Ya no anhelo los lauros, mi corazón ha recorrido tantas veces  el camino de tantas historias y de la mía que lo que conservo es un sabor agridulce cargado de recuerdos.

El aire se cansa de ser aire, el alma de ser espíritu y el hombre de tanto caminar. El viento pasa raudo cada noche, arrastrando estrellas que caen sobre el camino, la afilada hoja de una llama lejana abre una brecha de luz en las tinieblas.  Mañana llevaré mi poema a asolearse en el viejo muelle, donde ya no espero a nadie.

Cuando me embarco hacia el crepúsculo, por donde quiera que vaya con mi velero, florecen mil estrellas sobre el agua. En estas playas lejanas donde Dios sale a caminar y a bendecir su mundo, también yo vengo a pasear deshojando alegrías y tristezas.

Tarde de gris vestidura que por la quietud del campo vas regando tu tristura, transpórtame en tu lampo gris azul para cambiar mi amargura, porque entre mis ilusiones caen fuertes las nevadas del tiempo ¡Dios mío!

Ilusión no te vayas de mi lado, porque sé que de volver a separarnos, me perseguirá por siempre el anhelo de encontrarte. Cuando el amor pierde sus alas, la esencia sus raíces y su fuerza, solo queda de lo vivido un largo silencio, la soledad, el tiempo imperturbable y deshecho el  abrazo en sueños de nevada, de sombras y también de mil olvidos–

Continuando con el tema de los años, en una encuesta sobre la vejez, realizada por espacio de seis meses a personas elegidas al azar, en la mayoría de las respuestas se puede vislumbrar el pesimismo de lo que significa llegar a viejo, sobre todo para los mayores. Primero elegí el concepto de mis  hijos. Para mi hijo mayor Hugo “Envejecer es la etapa del descanso y de hacer muchas cosas que por el limitado tiempo nunca antes se pudieron hacer” para Ivette “Es la pausa que precede a la locura de ser joven”  David mi hijo menor opina que “Envejecer es un proceso biológico y sicológico cuyo resultado final en términos de calidad de vida dependen en su totalidad,  de la gestión de vida que haya tenido cada individuo, por lo cual es en sí mismo el resultado final del camino de maduración y desarrollo del ser humano”

Continúa próxima semana

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