Dictanarquía y charlatanería

Antonio A. Herrera-Vaillant |

El régimen y algunos “opositores” coinciden en promover derrotismo, abstención y emigración, pintándonos un régimen prácticamente invencible y una oposición cómplice.
La “dictanarquía” que padecemos es tan irresponsable y grotesca, y su remate se hace tan urgente, que para describirla no hay que recurrir a mitos, exageraciones o aderezos.
Un bolo propalado por ambos lados nos presenta a unas fuerzas armadas como bloque monolítico dentro de una dictadura totalitaria, obviando que eso implica eficiencia, orden, control e inflexible disciplina. Mas esa torpe amalgama de improvisación, chapucería, corrupción, y delincuencia desatada a todo nivel inexorablemente lleva a esas mismas fuerzas mercenarias a ser “leales” hasta el mero día en que dejen de serlo.
Otra “boutade” derrotista es atribuir el desplome dela economía a un deliberado y maquiavélico plan de someter a toda la población por hambre: Planteamiento insólito en un medio altamente parasitario que regala combustible, adicto hace décadas a todo tipo de subsidio petrolero – con un disparatado régimen que hasta hace nada quemó billones en divisas para alegres viajeros.
Esas dádivas son apenas deditos en el dique del deslave económico que viene: No compran docilidad, lealtad ni simpatías duraderas. Improvisar saqueos, “Petros”, “CLAPs”, y un atajo de medidas descabelladas son solo pancadas de ahogado en un desesperado intento de contener una conmoción social que a diario crece cual bola de nieve.
La arraigada práctica de buscar “culpables” ajenos a fallas propias abarca a esos charlatanes que en la oposición presumen de dirigentes, analistas o forjadores de opinión y luego culpan a otros por lo que se hace o deja de hacer ante el drama actual de Venezuela.
Hacen perfecto juego al régimen dividiendo, debilitando y desacreditando al movimiento democrático quienes hacen demagogia opositora señalando sin prueba alguna a importantes dirigentes – tan desarmados como ellos- por traidores, acomodaticios o cómplices cuando buscan salidas incruentas al drama actual.
Todo experto en delincuencia recomienda que una víctima inerme evite enfrentamientos violentos con un criminal armado y sin escrúpulos. Lo mismo ocurre cuando en la política se ejerce el arte de lo posible para evitar o postergar confrontaciones desventajosas.
El movimiento democrático venezolano responsable viene agotando todas las vías para buscarle a la nación una salida pacífica, democrática, constitucional y electoral. Su eventual fracaso solo puede satisfacer a charlatanes tan insensatos como la propia “dictanarquía”.

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