Editorial: Faltamos nosotros

En el camino, es decir, a lo largo de estos ásperos y perdidos 18 años, en el mundo han ido cayendo, uno a uno, condenados por la historia, los socios, amigotes o cómplices de los promotores del “socialismo del siglo XXI”. Y algunos de aquellos que aún se mantienen en pie, a la espera de su turno, marcan prudente distancia. Han perdido, al menos, la fanática excitación de otras épocas.

Todo un sombrío y brutal elenco de dictadores, genocidas y terroristas (¿no es redundante, acaso?), fue ensalzado desde aquí, por este fallido ensayo de revolución. Los recibieron con salvas, honores y degradante hospitalidad oficial. Les concedieron salvoconductos y tribuna. Pusieron en manos manchadas por la sangre que derramaran miles de inocentes, réplicas a granel de la espada del Libertador, así vuelto a profanar.

A su muerte, a Manuel Marulanda Vélez, alias “Tirofijo”, le fue guardado un respetuoso minuto de silencio en el hemiciclo de la Asamblea Nacional, y hasta le erigieron monumentos que el bochorno popular derribó. En cierta ocasión, Hugo Chávez llegó a decir que ponía en duda si ese bárbaro exterminador de por lo menos medio millón de ugandeses, Idi Amin Dada, era en verdad un caníbal, como se decía. “No sé, quizás era un gran nacionalista, un patriota”, afirmó el mentor del mismo régimen que se escandaliza y pone preso a venezolanos, hasta por algún mensaje en Twitter.

Robert Mugabe, quien se mantuvo 29 años en el poder, en Zimbabue, a fuerza de insaciable represión y toda suerte de fraudes, fue otro de los que se granjeó, en nuestro suelo, rendidas pleitesías de un oficialismo que se preciaba de su proyección internacional, al precio que fuere. Gloriosos tiempos en los que, desde Caracas, delirantes fabuladores tra- zaban a cuenta del erario público, sobre un entarimado de mediocridad engreída, ruinosa hipocresía y corruptela descomunal, los escenarios de la Nueva Integración Latinoamericana y Caribeña, del Banco del Sur, los espejismos del Oleoducto del Sur, Petrosur, Petrocaribe, Banco del Sur. ¡Mariscales del alarde y del boato!

Otros tres aliados siniestros ya no están: Saddam Hussein (Irak), Muamar el Gadafi (Libia) y Mahmud Almadineyad (Irán). Los tres, que parecían tiranos imperturbables, dejaron la escena en menos de seis años. En el plano democrático, la desgracia política se encargó de barrer la llamada “era K”, en la Argentina, con una Cristina Kirchner sobre quien llueven sospechas de manejos ilícitos y lavado de dinero. En tanto, en una seguidilla de acontecimientos que nadie hasta ayer pudo presagiar, Raúl Castro hace migas con los gringos; en Ecuador, un petulante Rafael Correa pierde la consulta del proyecto de reforma constitucional que le aseguraba la reelección indefinida; Evo Morales, a quien la Pachamama parece haberle dado la espalda, recibe su pócima en Bolivia, y no podrá postularse en 2020, como era su contagiado deseo de perpetuidad. Además, Luis Inácio “Lula” da Silva, en Brasil, visto décadas atrás como paradigma de liderazgo progresista en la América Latina, es acosado por el embarazoso escándalo de Petrobras, y arrastra hacia el despeñadero a su pupila, la presidenta Dilma Rousseff.

En cuestión se semanas, la mandataria brasileña será destituida por delitos que más bien se nos antojan faltas veniales, o travesuras de niños, si se los compara con la desfachatada perversión que los venezolanos presenciamos, sin que exista institución capaz de aplicar los controles y castigos pertinentes. Al frente de la principal economía de Latinoamérica, Rousseff es señalada no de haberse robado un solo real sino de “maquillar” cuentas públicas y abrir créditos sin la aprobación del Congreso.

¿Maquillar cuentas públicas?, aquí les habrían enseñado, no faltaba más, a saquear las finanzas y ocultar las cuentas. ¿Disponer de fondos sin aprobación del Congreso?, aquí mandan a los magistrados del TSJ a asaltar el parlamento y llaman a rebelarse contra sus leyes antes de que sean aprobadas.

Los pueblos, incluso los que tienen reciente tradición de regímenes de fuerza, dan muestras consistentes de ser ahora menos tolerantes respecto a la corrupción, el abuso de poder y la violación de los derechos humanos. Es la nítida señal de viraje que llega de todas partes. Faltamos nosotros.

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