Editorial: Se cae la mentira

Unas 500 mujeres venezolanas se lanzan por encima de los militares en la frontera con Colombia, empujadas por la escasez de alimentos, y a su regreso, luego de cargar con insultos por parte de quienes hace rato decidieron degradar su uniforme, el gobernador del Táchira, Vielma Mora, en un intento por hacer quedar bien a su patrón, dijo que ellas traspasaron la línea fronteriza porque Maduro así lo autorizó. Fue una merced suya, pues.

En Guanare, unos sujetos arrojan granadas al patio central de la comandancia policial, en momentos en que los funcionarios estaban en formación, con saldo de dos muertos y 34 heridos. La versión recogida es que los efectivos del cuerpo de seguridad recibieron amenazas en sus teléfonos celulares. Un pran no estaba dispuesto a tolerar que asumiera la comandancia el oficial que lo puso tras las rejas. Habría sido una revancha urdida en los bajos fondos. Pero esta vez el ministro del Interior, Justicia y Paz, González López, hiló más fino que Vielma Mora. Según él ese atentado fue una acción de guerra no convencional, concebida por el cerebro terrorista de Lilian Tintori. ¿Una prueba?, ¿no recorre ella el país en la gira “Rescate Venezuela”? ¡Suficiente! “Justicia y Paz”, en manos de quién están. Un solo dato: Las granadas, ¿de dónde salen, señor ministro?

Allí, en esos dos sucesos recientes, está reflejada una de las más obstinadas constantes oficiales. La tendencia a torcer la realidad, en busca de acomodarla a un propósito bastardo, inconfesable. La crisis humanitaria no existe, es un ensayo de intervención extranjera, se atreven a corear, aquí, en la OEA, donde sea que lleven los jirones de su circo en bancarrota. No obstante, existe el antídoto. Es, en primer lugar, la propia realidad, terca, irrebatible; y, luego, la defensa decorosa, resuelta, de sus principios, por el lado de una sociedad asqueada de tanta procacidad oficial.

La palabra de la Conferencia Episcopal tras la agresión a los seminaristas en Mérida, no pudo ser más oportuna y categórica. Estamos inmersos en “incertidumbre, desesperanza, depresión, rabia y violencia social”, amonestó monseñor Diego Padrón. Ahí está, también, la pulcra denuncia del padre Laudence Betancourt, ante la profanación a la tumba del Honim, en el Cementerio Municipal de Barquisimeto. Más atrevido y lenguaraz, Henry Ramos Allup graficó así su reacción frente al llamado del Gobierno a sentarse a la mesa de la conciliación, con sus mediadores, con su agenda, con su garrote: “No vamos a ir a un diálogo con los pantalones en los tobillos”. Si el Gobierno está animado por el deseo político de rectificar, lo descubre el hecho de haber enviado a Rodríguez Zapatero hasta la celda de Leopoldo López, para que, ante la digna e inquebrantable respuesta del preso político a su propuesta de congelar el revocatorio, lo asaltaran en la nocturnidad de su aislamiento, a fin de arrebatarle las anotaciones en las que a duras penas organiza su defensa legal, un día antes de la audiencia, otra vez malograda.

Es la mentira oficial, una constante. La otra, la verdad y su necesaria defensa, que no admite transigir. La imagen de la avalancha de compatriotas fluyendo este domingo hacia Colombia, a abastecerse de alimentos, y escuchar a la canciller Holguín: “No dejaremos pasar hambre a los venezolanos”, representa una severa bofetada a los alardes e insolencias del autócrata inepto, charlista, ramplón. Eso describe una mentira que se cae a grandes pedazos.

Y pensar que la frontera fue clausurada por el Gobierno de Venezuela el 9 de agosto del año pasado, con el irónico pretexto de aplastar el contrabando de rubros de la canasta básica hacia Colombia. La idea, como siempre, era distraer, porque es hacia otros lados a donde debe dirigirse siempre la mirada. ¿No acaba de decir Raúl Castro que la economía de Cuba sólo creció 1%, la mitad de lo previsto, durante el primer semestre de este año, a causa de las restricciones que derivan de la crisis venezolana? Y si el camarada Castro se siente arruinado porque la economía de su isla sólo creció 1% en el semestre, ¿qué decir de nosotros, cuando la Cepal predice que la economía venezolana caerá 6,9% este año?

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