Editorial: Así no se gobierna

El Gobierno no se ha recuperado de los efectos devastadores que, como era de presagiar, provocó el audio del conductor del programa La Hojilla. Y, lo más probable, es que nunca lo logre.

Es cierto, no se trata de un personaje creíble, ni éticamente autorizado. Todo lo contrario, el “señor de la noche” es la antítesis de una referencia moral. Un voceador perverso, sórdido, infame. De conducta impresentable, tenebrosa. Pero era, o es, no se sabe, el principal comunicador del canal del Estado, nada menos. Un intocable operador del oficialismo. Su espacio era el favorito de Hugo Chávez, credencial suficiente para que se hiciera de un escabroso blindaje de impunidad, que le permitió publicar en la edición impresa de La Hojilla, el instigador montaje de una foto de Miguel Ángel Rodríguez con un disparo en la frente, en 2007; o llamar “asesino” a Henrique Capriles, y recordarle la madre, con ánimo insultante, al director de El Nacional.
En el primero de esos casos, por cierto, Rodríguez exigió una investigación y el susodicho fue defendido por la misma fiscal, militante del PSUV, a quien Luisa Ortega Díaz acaba de encomendarle conocer del escándalo de la grabación. Qué desfachatez. Es, además, la misma fiscal que desestimó los señalamiento de nepotismo formulados contra Cilia Flores, cuando ejercía la presidencia de la Asamblea Nacional. En cuanto a la miserable agresión a Miguel Henrique Otero, y a su honorable progenitora, la jueza de la causa exoneró de responsabilidad penal al pérfido hojillero, por los delitos de difamación e injuria agravadas, aduciendo que Otero no tenía legitimidad para demandar, pues la agraviada habría sido María Teresa Castillo, y que, además, la tabernaria expresión del acusado, que por demás repitió en el tribunal, no es difamatoria ni injuriante, pues corresponde al “ejercicio de la libertad de expresión”.
Mediante ese estilo decadente, engañoso e incierto, marchan las instituciones fundamentales del Estado, rastreramente subordinadas, en calidad de rehenes, al Ejecutivo. El poder hace esfuerzos desesperados por saltarse a la torera las incidencias de un hecho tan ignominioso y comprometedor, que rebasa en forma ostensible a su hegemónico aparato comunicacional. Despachar por “chisme” los horrores, vicios, traiciones, corruptelas, complots, crímenes y otros delitos de marca mayor que allí se describen, a título de informe, peor aún, frente a un agente de la contrainteligencia cubana, es una manera torpe, sospechosa, de arrojar más sombras sobre un Gobierno que, en una gris página de nuestra historia republicana, se revuelca y hunde, día tras día, en los cenagales de la ilegitimidad y del descrédito.
Cuando el país, expectante, abochornado, aguardaba por una palabra oficial, que suele ser tan profusa, la fiscal sale a notificar que imputará a Leopoldo López, inhabilitado para ejercer cargos públicos, en la mira del Gobierno desde hace tiempo, por un supuesto desvío de una partida presupuestaria hace 10 años, en su desempeño como alcalde de Chacao. Es más, el mismo día en que se divulgó el asqueroso audio hojillero, acudió al TSJ pero para impulsar el antejuicio de mérito contra el diputado, opositor, claro, Richard Mardo.
Y mientras el TSJ aborta la primera de cinco impugnaciones contra los comicios del 14 de abril, el Presidente, según el CNE, coopera con otro burdo trapo rojo: Anuncia la “milicia obrera“. Su brillante idea es repartir armas entre los trabajadores, cuando está bien claro que más bien hace falta que ellos recuperen y consoliden sus menoscabados puestos de trabajo, su protección social, que la inflación no se coma sus salarios, y que produzcan. ¿Acaso en Venezuela no hay papel higiénico en los anaqueles, ni medicinas en las farmacias, ni alimentos en los abastos, porque en las fábricas hay un déficit de fusiles? Asimismo, ¿es lícita esa burla del presidente del INE, al sostener que la ausencia del papel higiénico se debe a que “ahora la gente está comiendo más? ¿Hablaba en serio? ¿Puede un funcionario cuerdo decir eso justo en momentos en que escasea 21,3% de los productos de la canasta básica alimentaria: harina de maíz, leche, pollo, huevo, mantequilla?
No, definitivamente, así, así, no se gobierna. Con mentiras, cinismos, impudicias y la asociación con la ilegalidad, el quebrantamiento oficial de las normas y la imposibilidad de una convivencia en paz y con justicia, no se puede llegar muy lejos. Al menos en democracia.

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