Editorial: ¡Qué diferencia!

Costa Rica acaba de atravesar por una severa crisis política.

La presidenta de ese país centroamericano, Laura Chinchilla, fue acusada poco después de cumplir tres años al frente del poder, de malversar bienes públicos, así como de abuso de autoridad, al ordenar el desalojo de un lote de tierras sin que se publicara un decreto que lo autorizara, y, quizá uno de los puntos más controversiales en el catálogo de denuncias contra la mandataria: haber realizado dos viajes en un avión cuyo dueño es señalado de tener nexos con un narcotraficante colombiano.
Y, ¿qué pasó? Chinchilla, con serios problemas de imagen, a nadie acusó de “fascista” ni respondió con amenazas e improperios. Encadenó la radio y la televisión a objeto de reconocer sus errores. No obstante, la Fiscalía la investiga, a ella y a 17 altos funcionarios más.
El fiscal general se apresuró a asegurarle a la nación que su despacho revisará el caso con “claridad y efectividad”. La Contraloría General y la Procuraduría cumplen su papel institucional de sustanciar la averiguación.
Poco después de eso estalló Brasil. En varias de sus principales ciudades: Brasilia, Rio y Belo Horizonte, se han registrado todos estos días masivas protestas de calle. Causaron destrozos, molestos por el gasto, o inversión, de 15.000 millones de dólares, en la construcción de estadios para la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014. Condenaban la corrupción, el alza en las tarifas del transporte público. Pedían que la elevada erogación en obras deportivas se dedicara más bien a los programas de salud y educación. “Queremos saber qué hacen con nuestro dinero, y calidad de vida”, expresó uno de los jóvenes que participara en las revueltas.
La presidenta Dilma Rousseff hizo un viaje relámpago a Sao Paulo, cuando se intentaba incendiar la alcaldía, y en esa localidad se reunió con su padrino político, Luiz Inacio “Lula” da Silva. Tampoco ella, socialista, acusó de apátrida ni de oligarca a nadie. Se quejó, sí, de la violencia, pero se comprometió a “escuchar las voces de la calle”. Tiene previsto reunirse con los líderes de la protesta, jóvenes en su mayoría, en una jornada que recuerda las de Turquía y Egipto. Rousseff acordó con el alcalde de Sao Paulo dejar sin efecto el aumento en el transporte y convocó a un “pacto nacional”.
En Venezuela, como se sabe, las universidades están de paro. Exigen un presupuesto equilibrado, justo, y un salario digno para los profesores y el resto del personal. Las cuentas dicen que ese déficit podría ser enjugado con parte de los regalos, graciosos empréstitos y “acuerdos de cooperación” con otros países, que poco o nada nos dejan. Desde la UCLA se realizó una caminata de 400 kilómetros hasta Caracas. Hay estudiantes en huelga de hambre. Existe el peligro de que el semestre se pierda.
Y, con esos acontecimientos en ciernes, Nicolás Maduro vino a Barquisimeto. Como siempre ocurre, sólo los medios oficiales tuvieron acceso a su actividad. Su gira nada tuvo que ver con la puesta en servicio de obras públicas y, si bien hizo referencia a la crisis universitaria, no fue para la búsqueda de una solución concertada, sino para profundizar sus amenazas, ataques e insolencias.
Prometió, habló de planes a futuro, como si estuviese en campaña electoral o la revolución acabara de llegar a Miraflores. Anunció la rehabilitación de los puentes La Guardia, en Quíbor, y el de Sicare, en la vía Lara-Zulia. Cabe acotar que el puente La Guardia sufrió el desplome de uno de sus pilares en el ya lejano mes de noviembre del año 2008, es decir, que va para cinco años fuera de servicio, pese a los paros cívicos que se han llevado a efecto en esa zona productora y a todas las protestas ejercidas, con el cierre de la avenida Florencio Jiménez.
Semejante muestra de indolencia e ineficiencia no fue obstáculo para que Maduro planteara su decisión de abarcar más, con la amenaza de intervenir la Flor de Venezuela, en manos de la gobernación de Lara, bajo el pretexto de que “está abandonada”. Como si lo que “rescata” el Gobierno nacional tuviera mejor suerte. Los ejemplos huelgan. Allí está la postración en que ha sido sumido el Valle del Turbio. El estado de la infraestructura, escuelas, hospitales y carreteras. Además, hacia la frontera sur del Parque Nacional Yacambú se hunde en denuncias de corrupción, falta de transparencia, desinformación y parálisis, el caro proyecto hidrológico Yacambú-Quíbor.
La crisis universitaria no existe para el Gobierno. En esas casas de estudio “la derecha fascista” dilapida el presupuesto que recibe, “sabotea”. Y mientras el presidente desplegaba amenazas, la Guardia Nacional Bolivariana penetraba el Decanato de Medicina de la UCLA, a fin de desalojar a la fuerza a los estudiantes que “pretenden incendiar el país” mediante una huelga de hambre. Hubo saldo de detenidos y heridos.
En Costa Rica y Brasil la opinión pública logra torcer la agenda de abusos del Gobierno. Aquí, en cambio, desde el poder se produce una crónica reacción arbitraria. El Gobierno se burla de los ciudadanos, y, en vez de admitir sus errores tantos, no deja de disparar amenazas, injurias y agresiones. ¡Qué diferencia!

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