Nuestra insistencia en Yacambú

No es que no tengamos otro tema qué tratar. Todo lo contrario, en una semana se acumulan en el país tantos asuntos angustiantes, o de interés, que cuesta escoger aquel que, al margen de todos los demás,
hemos de abordar cada lunes en esta nota Editorial.

Se trata de que el proyecto del sistema hidráulico Yacambú-Quíbor, del cual nos ocupamos la semana anterior, tiene tanta trascendencia para la región, y para la nación entera, que decidimos no despegarnos de su incierto destino, hasta comprobar que las alguna vez llamadas fuerzas vivas de esta entidad, ahora fragmentadas, despierten de su actual letargo y vuelvan a asumir su resuelta defensa.

Las razones que en un pasado reciente motivaron la fervorosa promoción de esta obra, no sólo no han sido satisfechas, sino que siguen presentes, ahora con ribetes más dramáticos, acuciantes, de tal manera
que es hora de poner a un lado la indiferencia colectiva que se observa, así como la cobardía de no exigir rendición de cuentas por parte de quienes tienen en sus manos, ahora, esta promisoria iniciativa, y la
han sumido en el más absoluto de los secretismos, en una opacidad que, entre otras cosas, no permite conocer en qué estado se encuentran los trabajos, si es verdad que fueron paralizados y se ha registrado un deterioro severo, ni qué destino se le ha dado a los enormes fondos, en dólares, destinados año tras año para su ejecución.

Lara tenía, cuando se empezó a hablar de Yacambú, una seria deficiencia de agua. Se urgía, ya, a poner fin a una sed de 400 años. Ahora la situación es más grave aún. Los expertos coinciden en que en esta materia el estado no cuenta precisamente con un futuro alentador, ante la disminución de las fuentes de suministro y la ausencia de planes a largo plazo. Hay un serio desfase entre el explosivo crecimiento poblacional, especialmente hacia la zona Norte de Barquisimeto, y la posibilidad concreta de optimizar el abastecimiento del vital líquido. Asimismo, allí está, latente, la aguda disminución en los niveles del embalse de Dos Cerritos, principal reserva de agua de Barquisimeto, El Tocuyo y Quíbor.

Completa el ensombrecedor panorama la incertidumbre que ha rodeado a otro proyecto hidrológico esencial, el Dos Bocas, llamado a beneficiar, no se sabe cuándo, a los estados Lara, Portuguesa y Yaracuy (sólo a Palavecino le aportaría 400 litros por segundo). El racionamiento de agua, y, en consecuencia, las constantes, airadas y justificadas protestas de las comunidades, con el cierre de vías, son reveladoras de una angustia creciente, que en modo alguno es atendida por el sector oficial, ni siquiera medianamente.

La urgencia de producir alimentos es otro fundamento de la lucha que debe darse por Yacambú. Venezuela, cuyo Gobierno tanto pregona la coronación de supuestas soberanías y de estar librando quijotescas guerras con miras a romper los ancestrales yugos de la dependencia, no puede seguir siendo una nación cuyo principal movimiento económico se observa en los puertos, no para exportar lo que pudiera producirse en nuestro territorio y no se produce por las trabas, las alcabalas, los controles y el permanente hostigamiento, sino, para nuestra vergüenza, importar todo cuanto consumimos. El “pabellón criollo” lo hacen posible las caraotas traídas de Nicaragua, la carne de Brasil y Argentina, el arroz de los Estados Unidos. Hasta gasolina se ha traído desde Argelia.

Yacambú es, pues, un compromiso de todos. Así debe ser entendido, sin tardanza ni vacilación. El alcalde de Jiménez, José Gregorio Martín, ha estimado que, por citar un caso, el rubro de la cebolla se potenciaría en un 180% en el fértil valle de Quíbor, hasta permitir la exportación de un 80% de la hortaliza que allí se dé. Se crearían 150.000 empleos directos.

Este auge, enteramente factible, generaría un impacto económico positivo en muchas otras actividades, que así se verían estimuladas, mientras Barquisimeto se habría asegurado unos 3.000 litros de agua
por segundo, adicionales.

Por esas premisas y muchas otras, todos debemos dirigir la mirada hacia Yacambú. Esa es la razón fundamental de nuestra insistencia.

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