Extra Bases 29/12/2015

Alfonso Saer |

TRATANDO de represar lágrimas de emoción y nostalgia se despidió César Izturis. No quiso hablar directamente en la ceremonia porque no habría podido hacerlo, presa de un instante supremo en la vida de todo deportista afamado. Caballeroso, humilde, sin aspavientos ni poses, el pródigo hijo de un hogar barquisimetano nos transmitió antenoche parte de esa fibra emocional que inundó el parque “Antonio Herrera”. Los abrazos de sus compañeros -y el aplauso de los rivales- contenían admiración y respeto por un profesional digno, encomiable, sin reproches, con una carrera pulcra, cargada de méritos. El escenario era para vibrar porque en un Lara-Caracas el estadio del oeste se achica y deja cientos fuera…

CUANDO César tomó su primer turno con Vargas en la inicial comenzamos a ligar. Casi empujamos la bola que conectó de foul a centímetros de la raya. La primera pelota bateada por los Leones rodó hacia sus predios, esos que ahora no verán su estampa deslizarse con sagacidad para aprisionar la redonda en demostración de seguridad maestra. Sus números no reflejan todo porque la defensa en el beisbol es un arte que no se imprime en los box score. En los guarismos solo se detallan con simpleza los lances y asistencias, los totales estadísticos… LA elegancia de César, sus fildeos en el llamado hueco entre tercera y shortstop, los gráciles movimientos para atrapar detrás de segunda, el arrojo hacia adelante para hacerse con mano sin guante de la esférica huidiza, todo eso está capturado por las mejores máquinas fotográficas que existen, nuestros cerebros. Me quedo -como tú amigo- con aquel lance del sexto de la final 01-02 contra Magallanes, en el noveno inning, poco antes de gritarse en Valencia el cuarto título rojo. Ese lo guardo en mi baúl antañón. Por todo lo demás, un millón de gracias.

“MIENTRAS más ganamos, más enredamos estamos”. Esa frase que nos dijo un aficionado a la salida del estadio, tras el juegazo de Lara contra Caracas, contiene mucho de la frustración colectiva por el nuevo formato beisbolero. Tradicionalmente tambaleantes en matemáticas, hemos consultado a reputados analistas -fanáticos de la numerología beisbolera- como Héctor Cordido, John Carrillo e Iván Medina, para desenredar la maraña, aclarar el panorama, ayudar a los lectores y oyentes. Coincidimos en que todo eso es mucho pedir para que el seguidor común del espectáculo esté al día. Las posiciones deben ser algo práctico, manejable. Si los que andamos en estos menesteres a veces somos presa de errores en tantos cálculos, imagínense a quienes simplemente saben de ganar y perder. Los mismos peloteros tratan de entender el ajedrez de posibilidades existentes… LA ronda eliminatoria expira hoy con un cierre que ayer generaba varias opciones. Hasta el amanecer del lunes no sabíamos si -al culminar la jornada del martes- viajábamos a Puerto La Cruz, continuábamos en Caracas o regresábamos airosos a Barquisimeto. El cierre de la segunda vuelta también debe ser la muerte del formato, aunque todo tiene sus defensores… LA emoción de la primera ronda -tan disputada en posiciones y puntos- se diluyó posteriormente con este enredo de proporciones gigantescas. Y el solo hecho de que un equipo pueda clasificar directamente solo si pierde, atenta contra la majestad y pureza del espectáculo. Esa frase que deslizó un pelotero por la TV (“Si hay que perder, perdemos”), es como el epitafio para el sistema.

RAÚL Rivero se aseguró -con su faena lucida de antenoche- el título de Pitcher del Año. Es líder en ganados (7-4), innings lanzados (80) y ponchados (54). Su efectividad (2.03) es la tercera del circuito, pero Patrick Johnson (2-1, 1.57) y Alexis Candelario (3-2, 1.99) no llegan ni a la mitad de los triunfos del cumanés y tampoco han alcanzado siquiera los 55 episodios trabajados. El pájaro rojo ha dado 16 boletos, la misma cantidad de Johnson y catorce menos que Candelario. Nos preguntan por Hassan Pena. El cubano tiene su propio premio ya garantizado. Será Cerrador del Año con record de 22 rescates… SI Ildemaro Vargas fuera candidato a Novato del Año obtendría muchos votos detrás de José Osuna, aspirante natural con .332, 9HR, 30CE, y junto a Juniel Querecuto, la otra novedad nativa de Cardenales entre jugadores de posición. Resulta que por cuatro turnos más no puede optar al galardón. “Caripito” ha sido la inspiración, el encendido que impulsa la artillería roja. Digamos que está casi siempre en los grandes momentos. El año pasado con Anzoátegui no dio hit en 23 turnos y parecía confinado a las ligas independientes. Fue a clase A media y quemó el circuito, liderando con .321. Esa explosión la refrenda en la LVBP con su tórrido desempeño. Anzoátegui llora el cambio.

CURIOSO lo de Raúl Rivero. En Italia es cerrador (5 salvados, 0.69) y aquí hace perfectamente la transición con trabajos prolongados, casi nunca menores a los cinco tramos, siempre con efectividad destacada. La salsa que le pone a la pasta -juega con el Bologna- robustece y aquilata. Sino que lo diga el propio Rivero, nuevo cortador de melenas, heredero de Edwin Hurtado. Contra los Leones se crece (8-3 de por vida) y este año le han hecho los capitalinos dos carreras en 20.2 tramos (0.89)… QUE tranquilizante tener un buen cerrador. Tras años de angustia con los Fruto, Houston, Vizcaíno y compañía, en esta temporada aparecieron James Hoyt y Peter Tago. El primero salvó nueve y se fue. El otro es más fuerte, más retador y hasta peleador. Como que celebra mucho el juego volátil de esta liga. Disfruten al amargo Tago porque probablemente no lo veamos más por estos lares. Con 4 salvados, 0.79 y 11 fusilados en 15.1 IP, solo ha permitido una marca, por un error de cálculo de Ericson Leonora… LARA y Luis Valbuena han jugado a la candelita. Uno y otro dan versiones de matrimonio complicado. El bate del grandeliga es notable en esta liga, pero no cabe en segunda, tercera, campocorto o la inicial. Sería designado y en esa función Jairo Pérez ha empujado 38. Quizás por eso no hay apuro. La última vez que Valbuena jugó en los jardines fue para los Cachorros en el 2013. Lo hizo en dos episodios. El caso es que con él la cosa se pone buena.

PUBLICIDAD

Comentarios

Comentarios