Extrabases 29-01-13

CIERRE de campeonato. Auspicioso, alentado por la presencia de figuras de alto relieve, el torneo que felizmente expira arroja saldos satisfactorios en lo deportivo y lo económico. Parques repletos, entusiasmo singular, participación sustanciosa de los legionarios que hacen vida en Grandes Ligas. Los libros de cada equipo deben reflejar -en mayor o menor grado- lo que nuestros ojos han detectado en cada una de las ocho sedes de la competencia… CARACAS se lleva los honores con su vetusto Universitario, tan antiguo como insuficiente para una urbe que pide a gritos una nueva instalación beisbolera y que probablemente solo reciba un rudo silencio de las autoridades. Los Leones tienen una concurrencia promedio superior a los 13 mil aficionados -o más- sustentada por la venta de abonos que copa la tribuna central y que garantiza el éxito financiero. Su compañero de pensión, La Guaira, no reúne los beneficios de los melenudos, pero debe haber tenido una mejoría en sus ingresos de la ronda eliminatoria… PRESENCIA multitudinaria observamos en Valencia y Maracaibo, capitales con escuadrones muy competitivos, metidos desde la arrancada en la batalla y, en el caso de los Navegantes, con el aliciente de una nómina que despierta admiración y ganas de ir al estadio. Los Tigres vivieron una pesadilla después de titularse y si descendieron sus asistencias hay una razón muy poderosa para ello. Casi todo el tiempo estuvieron en el sótano… LOS enanos del circo son Bravos y Caribes. En Margarita hacen todo tipo de carantoñas a los aficionados y solo reciben la parquedad de la gente. Algunos hablan del poco poder adquisitivo del pueblo original. La verdad verdadera es que no han podido identificarse plenamente con sus aficionados. En Puerto La Cruz hay escalada importante, pero, como en la isla, los escaños solo se llenan cuando juegan Caracas y Magallanes, con el detalle esencial de que predominan los seguidores de los clubes visitantes.
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CARDENALES ha tenido una especie de reencuentro con sus parciales. Es obvio que tres eliminaciones al hilo generaron desencanto y frustración. Posiblemente los deseos represados han influido para desarrollar esa avalancha en las tribunas… AHORA el “Antonio Herrera” contempla la mayor asistencia de su historia en una temporada. Nunca hubo tantos llenos de manera tan reiterada. Se han superado las doce mil personas al menos en una decena de ocasiones… ES que en general el béisbol se agiganta en un país que se empequeñece por tantas cosas que nos aturden e incomodan. A no dudarlo, muchos hombres y mujeres van a los estadios para botar las impurezas que se absorben en la vida diaria. La pelota es una catarsis, un desahogo que cada año se nos hace más imperativo. Las tribunas centrales acogen entre ocho o diez mil personas en cada parque. Pero si la capital de la república, por ejemplo, tuviera una sede digna para sus clubes, no hay dudas de que en un Caracas-Magallanes asistirían hasta 50 mil personas. El vetusto redondel de Los Chaguaramos acaba de cumplir 60 años y el vocerío de tanta gente ahoga su poca capacidad. Es increíble cómo se vive la pelota en nuestro país, a despecho de quienes desde arriba la miran de reojo y con ganas de cercenarle su nexo vital con la población de todos los estratos. Son muy pocos los que se sienten ajenos al espectáculo. En mayor o menor grado se participa.
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SE va un campeonato atípico, insospechadamente poblado de luminosa categoría. Más de treinta jugadores regulares de Grandes Ligas pasaron por los rosters de los ocho clubes. Eso hay que agradecerlo. Muchos de ellos birlaron las opiniones de sus jefes por allá arriba, quemaron los cuestionamientos de la fulana fatiga extrema y se uniformaron aunque fuera por breve tiempo. Todas esas notoriedades arriesgaron en mayor o menor grado. Sus destinos económicos están asegurados por contratos fabulosos en dólares. Cifras que al cambio no caben en esta columna y nos hacen enfurecer impotentes al observar los estertores en que anda nuestra economía… DEBE agradecérsele a jugadores como Pablo Sandoval el desafío a normas de sus clubes norteños y la insistencia para permanecer en el torneo local. No hay otra sino el amor por su gente y la incomparable sensación que se vive en los estadios nuestros… POR eso los parques están repletos y los ánimos en el cénit. Tenemos un campeonato con nivel estelar, sin parangón en vibración y entusiasmo. Se acaba la versión 66 en una LVBP que ha logrado superar tiempos de orfandad. El despliegue de los medios es formidable, sin reparos. La cobertura de radio, prensa y TV es ahora complementada por los fenomenales recursos y alcances de internet, con su inmediatez y penetración hasta el último rincón del planeta… ESE gentío que vemos en el “José Bernardo Pérez” y en el “Antonio Herrera” es la fuerza que insufla deseos de trabajo en los ocho conjuntos del circuito. Por eso hay que pulir las condiciones y hacer los ajustes para minimizar los entuertos. Todo siempre es perfectible.
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LOS Prieto son una dinastía. El viejo, el “negro” Oscar Prieto Ortiz, fue la cabeza visible del Caracas desde el año 1952, cuando adquirió al Cervecería junto a Pablo Morales. Ambos eran gente de pelota y difundían los partidos a través de los micrófonos de Radio Caracas u Ondas Populares. Singular, patéticamente único, el Negro se fue en los años 80 -murió en el 83- y entregó los mandos familiares a quien llaman Oscarcito, el Prieto Párraga que fue punta de lanza del club capitalino hasta que la divisa pasó a manos de la Organización Cisneros, permaneciendo el no menos polémico personaje dentro del grupo en calidad de asesor… POR la causa que fuere -eso no importa- ahora se desliga de sus funciones y da un paso al costado, el que, asegura, no significa abandonar el deporte con el cual ha convivido desde niño. Otro que despunta es Oscar Prieto Rojas, hijo de Prieto Párraga y comentarista de DirecTV. Un apellido que huele a béisbol. Fueron 60 años dejando huella en los Leones, una marca patentada con orgullo en la fibra nacional… EL agotamiento físico y mental es fácilmente captable en muchos jugadores. Algunos como Sandoval, Andrus y compañía se mandaron la afanosa campaña de Grandes Ligas y aún están aquí. Otros como Luis Valbuena concluyen maltratados, quemando hasta la última energía para apoyar a su club. Vemos una final en la cual el corazón combativo de los protagonistas priva por encima de cualquier otra consideración… ¿QUE si los árbitros pueden decidir una final?. Claro que sí. Para eso son los jueces, con sus aciertos y yerros. Cierto, se equivocan como todo humano que ejerza cualquier función, pero son responsables de sus sentencias y deben asumirlas. En la columna hemos elogiado frecuentemente los avances de los criollos que acometen tan delicada tarea. Son mucho mejores a medida que la LVBP se ha preocupado por acicalar su desempeño profesional. Pero hay pelones del tamaño de una Catedral. Y, por lo que vemos, en la hora de la chiquita debería operar un grupo muy bien seleccionado. No todos están aptos para el trabajo más exigente.

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