Las Extrañas Costumbres De Los Antipodas

Los hombres de siglos pasados, tan pronto se les asomó la posibilidad de que la tierra fuera redonda comenzaron a preguntarse como serian esos antípodas, los que vivían en la parte del mundo opuesta a donde estamos. Por ejemplo, se preguntaban como hacían para caminar cabeza abajo y que características particulares tenían e inventaron infinidad de historias al respecto, todas resaltando y remarcando que el mundo de los antípodas debía ser diametralmente diferente, muy curioso y lleno de costumbres extrañas y del todo incomprensibles. Ahora ya lo sabemos: salvo unos pocos rasgos exteriores, todos secundarios, las verdaderas diferencias entre los hombres son culturales: su modo de organizar su vida, resolver sus asuntos económicos, los rituales sociales, sus mitos, sus idiomas, etc. Pero la idea de que los antípodas son diferentes y tienen costumbres raras se confirma a cada tanto. Veamos algunas de esas confirmaciones.

Hace justamente un año nuestros antípodas del Japón  sufrieron un terremoto terrible seguido por un tsunami gigantesco que mató a mucha gente, pero no se amilanaron y en el tiempo de un año reconstruyeron sus pueblos y ciudades. De ese suceso solo quedan fundamentalmente el dolor y la tristeza por los muertos y heridos y una central nuclear que aun tiene problemas. Además, aceptaron la ayuda de todo el mundo y de todas partes. Lo lógico y razonable era hacer como nosotros, que a doce años del desastre de Vargas aun falta mucho por recuperar y aun hay gente viviendo en refugios que se pensaba iban a ser temporales. Además, rechazamos la ayuda norteamericana cuando ya estaba en camino. Esa ayuda incluía atención médicos, hospitales de campaña, carpas, alimentos, plantas potabilizadoras, plantas eléctricas, maquinaria pesada y un cuerpo de ingenieros capaces de abrir caminos y construir puentes con la urgencia del caso. Tal vez privó el temor de que venían a tumbar al gobierno o que es indigno aceptar la ayuda del enemigo.

Otro caso: la semana pasada nuestros antípodas suizosrechazaron, mediante referéndum y con una mayoría del 60%, una propuesta para reducir la jornada de trabajo y agregar dos semanas más a las vacaciones anuales. La votación fue precedida por un intenso debate que incluía consideraciones de tipo económico como los costos que esto agregaría a la producción nacional, el aumento de la inflación y el riesgo para las pequeñas empresas. Al final ganó lo que para ellos es la sensatez y, aun más sorprendente, es la quinta vez, en 50 años, que esto ocurre. 

Es evidente que los suizos son un pueblo desgraciado pues no tienen un líder como el nuestro, capaz de lanzar propuestas de reducción de jornadas de trabajo afirmando que los venezolanos trabajamos demasiado y que esa reducción no tiene porque aumentar la inflación, disminuir la producción y aumentar los costos laborales. 

Hay, por ejemplo, otras diferencias importantes y que muestran cuan aburrida y vacía puede ser la vida de esos antípodas infelices. Por ejemplo, entre otras minucias, en esos países la gente respeta las señales de tránsito, no hace bulla para nodespertar a los vecinos, no tiran basura a la calle y cuando hacen elecciones por lo general son limpias, sin sospechas de fraude y los resultados se conocen casi de inmediato. También es sorprendente saber que si uno de esos antípodas tiene alguna queja contra su gobierno, puede reclamarle y ser escuchado; los servicios públicos funcionan bien y en general las ciudades se ven limpias y bien cuidadas. Son tan honestos que llegan al límite de la estupidez. Por ejemplo, quien quiera comprar un periódico ira a la esquina mas cercana donde encontrará la prensa colocada sobre un taburete con una cajita y quien compra deposita el dinero en la cajita y se toma el vuelto correspondiente, si ese fuera el caso. Y todo esto sin que nadie vigile a nadie ni se roben los periódicos.

Obviamente, vivir en algunos de los países de los antípodas es aburrido. En cambio resulta muy emocionante vivir en este país: asistimos a tiroteos frecuentes, a robos y atracos, si vamos a un hospital público debemos llevar todo lo que ahí no tienen, si nos detiene alguna autoridad nunca se sabe si es para mirarnos con cara de perro perdonavidas o solo para pedirnos una colaboración. Podemos jugar apuestas con el tiempo que tardaran en arreglar la calle luego de las consabidas promesas: si tres meses, tres años o nunca.

En fin, Cristóbal Colon tuvo una gran intuición cuando nos definió como una Tierra de Gracia.

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