¿Obituario o prórroga?

Ramón Guillermo Aveledo |

Hoy es 4 de febrero. Al obituario por la muerte de una ilusión lo quieren convertir en prolongación de la agonía, que es del modelo y del pueblo que lo padece, no del pequeño círculo poderoso y gozón.
Que esta revolución sin epopeya haya perdido atractivo, que el elenco que debería gobernar y no lo hace tenga poquísima credibilidad y que no asome por todo eso alguna idea siquiera que reanime sus fatigadas y decepcionadas huestes, no quiere decir que este gobierno esté en la lona oyendo, entre los gritos del respetable público, el conteo para el KO. Ya no navega en plata ni le sobran amigos o socios dispuestos a invertir sus divisas en la improbable tarea de rescatarlos, pero nunca despreciemos su falta de escrúpulos ni confundamos su ineptitud para gobernar con pérdida del apetito de sobrevivir en el poder.

Llevar el desánimo hasta el desaliento para acorralarnos en la pérdida de la esperanza es la pieza clave en la estrategia del gobierno, para seguir aferrado al poder sin salirse de la formalidad electoral, a lo cual no se atreve todavía aunque fanfarronee. Esa línea tiene dos brazos: convencernos de qué no vale la pena oponerse a ellos y desprestigiar a la única alternativa política nacional a ellos que existe, la Mesa de la Unidad Democrática. Así, lograr que el ciudadano descontento llegue “solito” a la conclusión de ¿para qué voy a votar? A la promoción del desaliento las acompaña con la división de la oposición y la concentración del trabajo clientelar en la minoría que todavía cree en ellos, a la que piensan que con la lealtad residual al fallecido mandatario vía propaganda pueden llevar hasta el 30%, una cifra nada despreciable si en el otro 70% no hay unidad o logran que reine la confusión, la desorientación y permita que el mordisco de la desesperanza sea sustancial.

Por estos lados anda lo del carnet de la patria. Los mismos que antes proclamaban “Tenemos Patria”, ahora le piden a la gente que se conforme con tener carnet de la patria. Ya en fase de repartición de las migajas del colosal festín que despacharon el despilfarro, el desorden y la corrupción del enchufadismo, inventan el carnet para reservarse el derecho de admisión en el reparto. Pero que nadie se engañe, la invitación es un cheque sin fondo, y como ya va notándose con los CLAP, la corrupción inevitable se queda con la parte del león.

A la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, en la más sibilina maniobra contra la institución militar que a alguien se le haya ocurrido en nuestra historia, la metieron en el paquete para que cargue con el desprestigio y, además, tenga que cargar con la responsabilidad de la represión que se desatará cuando, tarde o temprano, la bola del descontento social reviente por las costuras.

Ni siquiera en Carnaval, los del equipo oficialista se disfrazaron de estadistas responsables. Es un papel que desconocen. Al contrario, insisten en repetir su ya raído disfraz rojo de San Nicolás munificente. Pero ya hasta ese les va estrecho. Han engordado.

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