#Opinión: Capriles y el futuro Autor: Juan Páez Ávila

Después de recibir el respaldo espontáneo de 6 millones 700 mil venezolanos que votaron el 7 de Octubre de 2012 por su nominación como candidato de la Alternativa Democrática, Henrique Capriles Radonski se encamina hacia el triunfo definitivo para ser el próximo Presidente de la República, al desaparecer del escenario electoral el caudillo populista Hugo Chávez, y enfrentar a Nicolás Maduro, quien aspira heredar los votos del difunto Presidente, como el gran mérito por ser leal e incondicional al Jefe Máximo, sin haber realizado contacto directo con el pueblo chavista, limitándose durante 14 años a ejercer una función burocrática, en la que fue censurado por su propio jefe, como parte de un entorno ineficiente e incapaz.
La experiencia y el giro que ha dado Capriles hacia una oposición más contundente ha llenado de optimismo a muchos venezolanos de todos los sectores democráticos, sin exclusión alguna, al sentirse representada no sólo en su candidatura, sino también en su discurso incluyente, sencillo pero lleno de confianza por el futuro de todos los ciudadanos que quieren paz, empleo, seguridad, bienestar personal y progreso general del país, que busca un rumbo, un camino para consolidar la democracia.
Sin agresiones, sin amenazas, siempre mirando el futuro de progreso de todos los venezolanos, Henrique Capriles Radonsky y su victoria pasan a ser también un ejemplo para la selección todos los aspirantes a ser candidatos a dirigir los destinos públicos de la nación. Primero, hay que oír al pueblo y consultarlo, constatar en contacto con ese pueblo, como lo hizo Capriles desde la Gobernación del Estado Miranda y en sus visitas a las regiones, cómo es ese pueblo y qué busca, e interpretarlo correctamente. Segundo, ningún candidato debe ser escogido a dedo o elaborado en comités ejecutivos o cúpulas fácilmente manipulables por intereses personales o de grupos, creyendo que representan la sabiduría política, cuando, por diversas razones, han perdido el pulso de la realidad del país.
La victoria de Henrique Capriles será de todos los demócratas de Venezuela, hayan votado o no por su candidatura presidencial, tanto por su escogencia en elecciones primarias y abiertas a las que podían concurrir todos los que buscaran un camino para erradicar la violencia de los menos, y en cuanto al significado y proyección nacional e internacional de la participación y protagonismo de millones de electores.
El camino hacia el triunfo en las elecciones del 14 de Abril, por la Presidencia de la República, queda ampliamente despejado para Henrique Capriles, porque el golpe que ha recibido el adversario, Nicolás Maduro, es políticamente mortal. ¿Cómo explicar y menos justificar que él sea escogido a dedo como candidato presidencial, mientras Capriles fue seleccionado, en primera instancia, por el voto de los venezolanos en elecciones primarias, y luego por consenso para enfrentar al heredero de Chávez y favorito de los hermanos Castro.
Nicolás Maduro sólo tiene discurso para la confrontación, del insulto al adversario y de la demagogia frente a un pueblo, que cada día protesta por los engaños de que ha sido víctima. El nuevo método de escoger candidatos en elecciones primarias, entre representantes de diversos partidos y organizaciones independientes, ya se ha constituido en una nueva manera de hacer política, que llegó para quedarse. De allí que la escogencia de Maduro pertenece a un pasado monárquico, cuando lo Reyes se consideraban de origen divino, o a la arbitrariedad de un caudillo que se cree con derecho a manipular los votos a favor de alguno de sus favoritos, así sea éste uno de los más ineficientes e incapaces funcionarios, denunciados por él mismo.
Venezuela volverá a ser ejemplo para el mundo, no sólo por rescatar la democracia representativa, sino también por convertir a los electores en verdaderos protagonistas de la política, al convocarlos a participar en la selección de sus candidatos a la representación pública, mediante elecciones primarias abiertas a todos los ciudadanos inscritos en el Registro Electoral Permanente.

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