#OPINIÓN Cimientos de barro

William Amaro Gutiérrez | Foto: Archivo/Referencial |

Dios pudo presentar su Palabra en un nivel bien elevado académica e intelectualmente hablando. Y así motivar a los grandes intelectos humanos a leerle e interpretarle. Pudo dejar pasajes oscuros que permitiera a los hombres de letras y de intelectos privilegiados se gozaran en debatir. Pero no lo hizo. Prefirió presentar su Palabra y su mensaje de manera simple, sencilla, elemental y práctica.

De esta manera los más humildes, los menos letrados. Las mujeres, los niños y miembros de las clases sociales más bajas entenderían, comprenderían y en efecto entendieron lo que quería trasmitir. Por ejemplo, cuando dice “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca” Mat.7:24,25. Obviamente la roca es Cristo.

La historia registra las consecuencias del terremoto de Gansu, China, que alcanzó una intensidad de 8,6 grados en la escala de Richter, el 16 de Diciembre de 1920, acabó con la vida de 200.000 personas aproximadamente. Años después, en Tangshan, en China también, el 28 de Julio de 1976, el peor terremoto del siglo XX, en cuanto a pérdidas humanas se refiere, mató 240.000 seres humanos. El patrón fue el mismo. La mayoría de los muertos eran campesinos quienes habitaban en viviendas precarias, de cimientos inestables. Lo cual sucederá en cualquier parte del mundo donde los cimientos de las viviendas no son firmes. Cuanto menor sea la calidad de las estructuras que sostienen el lugar de habitación, mayores serán las posibilidades que cualquier sacudón de la corteza terrestre lo derribe y Ud. perezca irremediablemente.

Lo mismo sucede con nuestra vida espiritual. Mientras todo va bien, mientras no haya un bajón en nuestro confort. Siempre y cuando, no sobrevenga una tragedia en nuestras vidas nos mantenemos firmes. Pero si algún movimiento brusco sacude los cimientos de nuestra vida. Una enfermedad, una muerte repentina. O los gobernantes nos frustran. ¿Será que la estructura que sostiene nuestra fortaleza espiritual se mantendrá firme?¿O pasará lo que sucedió con las viviendas de estas personas en China?

Mientras los problemas no sean más grandes que nuestra capacidad para enfrentarlos, nos sentimos bien. Pero cuando los problemas crecen por encima de la fortaleza interior, nos desmoronamos. Sin un fundamento firme no podemos hacer frente a las dificultades. Y es a través de la Palabra de Dios como podemos echar las bases sólidas que darán la fortaleza para a soportar cualquier vendaval que sobrevenga. La Palabra Sagrada nos da fuerza y estabilidad a nuestra fe. Nos sostiene cuando sentimos que todo a nuestro lado se desmorona. “Nuestros cuerpos viven de lo que comemos y bebemos; y lo que sucede en la vida natural sucede en la espiritual lo que meditamos es lo que da tono y vigor a nuestra naturaleza espiritual”, Elena de White. El camino a Cristo.

No hay nada sobre la faz de la tierra que pueda sostener la firmeza de los hombres cuando atravesamos por terribles dificultades. Solo Dios, nuestro Señor Jesucristo y su Palabra son la roca, la alternativa que dará poder para alcanzar la victoria. Y no es un simple decir, lo hemos vivido por experiencia propia y ha sido nuestro Dios quien nos ha sostenido, por lo cual seguimos más firmes que nunca en su Evangelio. ¡Hasta el martes Dios mediante!

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