#OPINIÓN Coloquio en la Plaza Altagracia

Marisela Gonzalo Febres | Foto: Archivo/Referencial |

“Lo que hay que darles es todo /luz y sangre, voz y manos /y la paz y la alegría/ que han de tener aquí abajo/ que para las de allá arriba, /no hay por qué apurarse tanto/ si ha de ser disposición/ de Dios para el hombre honrado/ darle tierra al darlo a luz/darle luz al enterrado”.

La voz de la anciana que ayer jueves 30, recitara emocionada en la plaza Altagracia, sigue siendo joven, porque la poesía nunca envejece y a la manera de un río, rejuvenece lo que toca. “Coloquio bajo la palma”, poema de Andrés Eloy Blanco, escrito en 1955, fue un regalo inesperado, no sólo por la belleza del momento que echa por tierra la idea de que ancianidad es desmemoria y vacío, sino por su significado. Somos individuos y seres sociales, que compartimos en situaciones de crisis social como la presente, el patrimonio intangible que viene rodando por el inacabable río del lenguaje.

“A Dios que me dé tormentos/ a Dios que me dé quebrantos/ pero que no me dé un hijo/ de corazón solitario”… nos exhorta al trabajo, la educación y la solidaridad, nacida a partir de la interrelación afectiva, generada desde los corazones dispuestos a compartir. Nos recuerda la esencia de valores que podríamos atribuir a una venezolanidad que pese a las rupturas y daños en el tejido social, aún permanece dispuesta al trabajo, estudio, esfuerzo e inclusión que no pone condiciones a la hora de ejercer la solidaridad. Aunque ésta requiera hoy, de ejercicios cotidianos en cada uno de nosotros, para no confundirla con la complicidad.

La marcha convocada por el Comité de Pensionados y Jubilados y las redes de DDHH de Lara, logró el objetivo de visibilizar el reiterado maltrato al que sigue siendo sometido el adulto mayor, por parte de un Estado que ha ido eliminando los avances en materia de reivindicaciones sociales, que respetaban el derecho de todos los trabajadores a disfrutar de una pensión que el mismo trabajador, se había garantizado con sus cotizaciones a lo largo de una buena parte de su vida. Siempre estuvo claro que no se trataba de un regalo, sino de un derecho y como tal, la única condición era cumplir la ley por parte de las empresas, instituciones y trabajadores, haciendo los descuentos respectivos.

“Coloquio bajo la palma”, fue un hermoso inicio de la marcha en la Plaza de Altagracia, aludida en numerosas referencias literarias de poetas, narradores y cronistas. Dadas las circunstancias de desamparo social, el poema adquirió ayer, bajo sus árboles, testigos habituales de las dificultades de los usuarios del banco cercano, el rango de una oración que nos recuerda, que son de todos, los asuntos terrenales, tales como iluminar los caminos de la vida con el estudio y la construcción de la paz y la alegría.

La información dada ayer por el vocero del IVSS a los manifestantes, demuestra que la presión social de los afectados durante estos últimos días, obligó al gobierno a echar para atrás las medidas que incidirían en la dignidad y los DDHH de los adultos mayores. Andrés Eloy nos sigue alumbrando: “Lo que hay que hacer es amar/lo libre en el ser humano,/lo que hay que hacer es saber/alumbrarse ojos y manos/y corazón y cabeza/y después ir alumbrando./Lo que hay que hacer es dar más/sin decir lo que se ha dado/lo que hay que dar es un modo/de no tener demasiado/y un modo de que otros tengan/su modo de tener algo,/trabajo es lo que hay que dar/y su valor al trabajo”.

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