#OPINIÓN Desde aquí… (1)

Amanda Victoria | Foto: Archivo/Referencial |

“Un día puro, libre, alegre quiero, no quiero ver el ceño vanamente rígido de aquel que la sangre ensalza o el dinero. Despiértenme las aves con su cantar sabroso no aprendido, no los cuidados graves de que es siempre seguido el que a la ajena autoridad vive arrimado” (Fray Luís de León)

Desde este rincón del mundo, desde mi ventana, puedo ver cómo se va el día con su fiesta engarzada al crepúsculo reventando colores y brillos. Puedo ver cómo se va escurriendo lentamente el disco del sol hasta perderse detrás de las colinas larenses.

Desde este rincón puedo ver la esplendidez de la aurora cada mañana y al viento meciendo la copa de los árboles, las aves saludando el día con alegría y la gente rumbo al trabajo unos y otros a sus acostumbradas preocupaciones.

Muchas veces dejamos de vivir el presente, aferrados al pasado o esperanzados en el futuro. El presente encierra los momentos más altos de la vida, nuestros aprendizajes y experiencias.

Todo a nuestro rededor nos muestra y hace sentir las dificultades, sombras y temores de la vida más que las cosas buenas que recibimos del cielo. De allí la razón de que a todos se nos vaya la vida buscando lejos la felicidad, aunque la tengamos al lado. Para los más pesimistas todo en la vida son oscuridades, para otros el sol es la vida de todas las cosas visibles, igual para el que pasa las horas de sueño en lecho de pétalos como para aquel que sediento de calma no encuentra reposo ni siquiera en su propio lecho…

No basta el desaliento pintado en el rostro del viajero que lleva kilómetros y kilómetros recorriendo la vida, la cuesta es empinada, subirla no es nada fácil cuando se tienen tantos años encima. El trayecto es largo y hay que seguir actuando, creando cada uno sobre la marcha su propio infierno o su propio cielo. Nuestras acciones son las únicas pertenencias, el suelo sobre el que nos mantendremos hasta el final.

No son las cosas materiales ni lo que se haya conseguido a lo largo de la vida lo más preciado, sino aquellos seres que tenemos al lado que nos acompañan, nos aman, nos dan alegrías, nos apoyan, nos dan ánimo y fortalecen en cada etapa y sobre todo en la etapa que lleva directo a la estación invernal.

Los caminos de la vida son difíciles y en época de lluvias se hacen largos. Todo tiene un tiempo de llegada y uno de partida, la vida es el corto periodo de tiempo en el que estamos vivos.

De vez en cuando me empino para mirar adelante del camino que zigzaguea sobre el costado de mi recorrido, por el que marchan caminantes como yo, atiborrados igual de tristezas, de sueños, de experiencias y de muchas esperanzas. Hay de todo sobre la travesía, las veredas están cargadas de lágrimas y de miserias, de risas, de alegrías, de flores, de paradas, de bienestar y de cariño. En medio de tanto sufrimiento no hemos aprendido a disfrutar de las pequeñas alegrías. La vida está hecha de tiempo que no se puede desperdiciar y también de sueños que no pertenecen a los muertos sino a los que respiran.

Esta existencia es todo lo que tenemos y pasa sin dejar rastro, la única rendición que debemos admitir es aquella que acaba con las fuerzas y la esperanza ya nada puede hacer por nosotros, ganándonos la muerte la última partida…

Desde aquí… continuará para ustedes la próxima semana.

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