#OPINIÓN Extraño mi país…

Sergio Borgel | Foto: Archivo/Referencial |

Soy de la generación de venezolanos, nacidos, crecidos y formados en democracia. Nuestras herramientas de lucha siempre estuvieron asociadas al conocimiento y a la confrontación de ideas. Aprendimos a utilizar el voto popular como un instrumento tan poderoso, que era capaz de sacar malos gobiernos y malos gobernantes. Entendimos el rol fundamental de los partidos políticos, como instrumentos intermediarios de las luchas reivindicativas de los más desposeídos.

Aprendimos a respetar a nuestras Fuerzas Armadas, gracias al sentido patrio y civilista que formaba parte de la doctrina militar. Disfrutamos, con todos sus errores, de instituciones funcionales, que se activaron en su momento para restituir el orden democrático. Convivimos con respeto y solidaridad, en un tejido poli-clasista que permitió desarrollar modelos de organización comunitaria acertadamente diseñados para atender los problemas básicos de nuestros sectores populares.

Nos dimos a conocer en todo el mundo, como el país democrático de mayor crecimiento y modernización del continente suramericano…
El metro de Caracas era el orgullo de los caraqueños. Sus instalaciones estaban impecablemente limpias, con un comportamiento ciudadano ejemplar, donde el respeto formaba parte de lo cotidiano. Sabana Grande fue el sitio de encuentro de poetas, intelectuales y trovadores de una vida nocturna intensa, sana, sin miedos.

Los supermercados tenían de todo y para todos los gustos, con precios razonables y accesibles. Las panaderías tenían pan. Las farmacias tenían medicinas. Los bancos tenían dinero. Había empleo, había agua, había luz, había transporte público, había aseo urbano. Había país.

Las calles y el sistema carretero nacional funcionaban con programas de mantenimiento permanentes en el marco del proceso de descentralización puesto en marcha a partir de 1.990. El nivel de vida de los venezolanos iba en ascenso. Los servicios públicos tenían niveles de desempeño muy aceptables, eficientes, y proyectados a futuro gracias al rol de nuestros excelentes profesionales formados en las mejores universidades de Venezuela y del mundo. Los ciudadanos, a pesar de las dificultades e imperfecciones propias de la condición humana, disfrutábamos de una sociedad de oportunidades a plenitud…

Hoy, la nostalgia azota nuestros sentidos en este lodazal de miserias, intrigas y rivalidades en el cual hemos convertido a Venezuela. Nos han destruido en lo más profundo de nuestro ser. Nos dejamos arrastrar hasta un primitivismo básico, para transformarnos en seres irracionales que luchan por sobrevivir en este mar de hostilidad, odios y rencores profundos que carcomen nuestra esencia ciudadana. Somos un nido de caimanes devorándonos unos a otros en un inentendible sálvese quien pueda. Recorro las calles de mi ciudad y respiro viveza, envidia, crueldad, ventajismo. Llora mi alma al ver el rostro de niños hurgando en la basura. Esto no puede ser. Esto es inaceptable…

Mis comentarios:
.- Extraño a Venezuela viviendo en ella. Este no es mi país. Es cualquier cosa menos la sociedad donde crecí y me forme…
.- Veo por el retrovisor de mi vida, y doy gracias a Dios por permitirme vivir la Venezuela bonita…
.- En medio de mi nostalgia por un pasado hermoso, lleno de oportunidades, estoy convencido de que todavía tenemos las fuerzas suficientes para luchar por restituir lo que fuimos…
.- Nos robaron nuestro país. Debemos recuperarlo…
Hay generación cuyos dientes son espadas, y sus muelas cuchillos, para devorar a los pobres de la tierra y a los menesterosos de entre los hombres… (Proverbios 30:14)

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