#OPINIÓN Por la puerta del sol, lugares de ensueño (última parte)

Amanda Victoria |

Todos tenemos una vida propia para vivir. Aunque todo parezca normal, dentro de nosotros siempre estamos anhelando un cambio. La falta de este va creando una especie de rebeldía interna que a la larga es lo que nos empuja a alejarnos de la monótona existencia aunque sea por tiempo corto.

Fuera de nuestro entorno hay otras cosas para ver y disfrutar. La naturaleza siempre está invitándonos a participar de su fiesta, de su arco iris, de sus colores, su amanecer y puesta del sol, a compartir sus estaciones, su viento seco y vigorizante, sus bellezas, picachos majestuosos y ondulados, nos anima a meternos en su santuario natural que sana y recupera la tranquilidad. En medio del paisaje eleva su ramal de rosas la inspiración de quien camina bajo el tibio sol de la eterna armonía.

El goce de la naturaleza depende mucho del ánimo y la personalidad de cada uno. A pesar de que somos los peores depredadores de nuestro medio ambiente, no tenemos más que este mundo para disfrutar, conocer y amar. Todavía tenemos de todo para disfrutar: fiordos, playas, montañas, auroras boreales, lugares para esquiar, paisajes espectaculares, amaneceres de película, glaciares, dunas de ensueño, bosques infinitos.

Son lugares de ensueño y recogimiento que trascienden cualquier creencia, idílicos oasis donde no existen las tiranías, los problemas ni las crisis. Aún hay en el mundo lugares fabulosos para disfrutar, relajarse en un manantial de aguas térmicas, practicar el buceo a ras de agua para ver y gozar de ese mundo maravilloso que encierra el mar; playas solitarias, fondos marinos, sitios dotados de una belleza natural sobrecogedora, todavía se puede saltar de isla en isla por paisajes de ensueño, lagos y montañas.

No siempre hay que buscar lejos un alivio a nuestros cansancios, un sitio de relax para dar calma a nuestros nervios, a nuestras incertidumbres, enfermedades, soledades y temores. Cada uno tiene en su interior un refugio contra el estrés; es difícil, más no imposible buscar un poco de paz en el inmediato entorno, apreciar lo que tenemos, disfrutar de un café recién colado, estirarnos al levantarnos de la cama, respirar hondo, sonreír. La vida no tiene por qué ser oscura y ruin.

Los años nos pasan y también nosotros vamos pasando, los ejes de nuestra carreta se oxidan y se van corroyendo como aspas de viejo molino, con la realidad de que el único tiempo y momento que podemos disfrutar es el ahora. Por muchos problemas y estrecheces que tengamos por muy mal que estén las cosas, despertemos la paz que vive dentro de nosotros. Un estilo de vida poco saludable provoca que seamos menos resistentes al estrés y al paso del mismo tiempo sobre nuestra humanidad.

No hay nada mejor que el ejercicio para reducir el aburrimiento y el estrés, también la música tiene un profundo efecto positivo sobre el cuerpo y sobre las emociones. Tenemos en nuestro entorno un sinfín de herramientas para hacer de nuestra vida algo extraordinario, hay cerca de nosotros mucho a qué acudir para no morirnos de tedio. Aunque no lo esperemos en medio de todo ese cenizal, siempre hay un carbón que espera ser atizado.

No siempre podemos tomarnos unas vacaciones por lugares de ensueño; no hace falta ir tan lejos, campo abierto a nuestra disposición hay por doquier, en cuyo interior igual que en los más encantadores lugares, crece la arbórea gestación de los ensueños, para poblar de entre cruzados leños el ambiente vital de cada día. Tener un momento diferente en nuestras vidas es cuestión de actitud y también de voluntad.

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