#OPINIÓN Por la puerta del sol: Desde aquí (7)

“El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza” (André Maurois)
La vida importa a pesar de las enfermedades, de la soledad y de las tristezas. Dentro de sus truncadas luchas, el hombre va dejando los rastros de ese algo que le falta y que buscará hasta el final como gota de agua que falta a su desierto. El hombre nunca ha estado conforme con lo que tiene ni con lo que es, siempre ha buscado el elíxir de la eterna juventud, lucha estéril en las que siempre llevará las de perder. El tiempo crea y destruye, sazona el fruto y lo seca, provoca la fecundidad del campo y luego la seca. Esa es la realidad de la que nadie escapa. Dentro de sus propias dolencias y fragilidades podrá confirmar él mismo lo inútil que es luchar contra el tiempo, abrigando la esperanza de ser eternamente joven. En realidad no importa la partida inicial de la vida, sino el recorrido que hacemos a lo largo de esta en el –hoy- en que vivimos, mucho más importante que tener la obsesión de llegar al futuro.

Aunque el tiempo terco se empeñe en cubrir de gris nuestra frente, esto no significa que no podamos acercarnos a la fiesta de la vida y disfrutarla, para cada uno de nosotros tenga la edad que tenga, siguen siendo doradas las primeras luces del amanecer.

Todo lo nuestro que va quedando atrás es propiedad de la muerte: Cada nacimiento estrena una vida y un tiempo también. La idea de este tema no pretende construir una hipérbola para medir el alma de los seres humanos ni calcular los puntos de sus elipses ni los de sus curvas, longitud de sus ejes, tangentes, focos, conos etc. tampoco es el propósito crear ni resolver problemas de Geometría. Lo que sí pretende el autor es tratar de hacer una reflexión de los sucesos, circunstancias, sueños y en general de lo que es la vida del hombre actual.

Las ramas de la hipérbola no se pueden medir porque son infinitas, irónicamente en el caso del hombre su vida es limitada y muy corta. Lo triste del asunto es observar cómo se le van los años a los seres humanos entre tristezas, codicias, miedos, vanaglorias, odios y grandes errores que lo llevan a no disfrutar plenamente de su existencia.

Mirar hacia la naturaleza es ver los esplendores de lo que es todo lo creado por Dios. Quien sabe vivir, disfrutar, sentir, amar y pensar, dilucida más claramente el apasionante tema de la vida mirando hacia Natura. En el fondo del océano florecen en oscuras ostras entre visos nacarados los bellísimos aljófares, en el mundo nacen flores y flores, sin que nadie sepa dónde está el enigma de su clave que mana y mana aromas sin descanso. Del hombre numen, arrobamiento y lucha, solo se sabe que tiene un alma cuyas ramas hiperbólicas van hacia el infinito, mientras su cuerpo cenizas se vuelve bajo oscura sepultura, sin posibilidades de regreso. La vida no solo es un acto, sino un acto resultante de dos factores: el del individuo y el de sus circunstancias.

En el hombre el alma es el sitio de sus afectos, de sus sentimientos y de todo lo que existe en él como lo más noble y elevado. Vivir es un perenne combate con las cosas materiales, porque si no fuera así perecería, el hombre sin lucha está muerto.

Si somos viejos sufrimos, si somos jóvenes sufrimos ¿Quién entiende a ese ser que más que ver hacia la belleza del cielo, clava su mirada en el dinero y… “La noche lo sorprende con sus profusas lámparas, en rútilas monedas tasando el bien y el mal?” (parte del poema de Barba Jacob).

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