#OPINIÓN ¿Quién dijo que todo está perdido?

Marisela Gonzalo Febres | Foto: Archivo/Referencial |

El 19 de abril sigue siendo una fecha importante en nuestro imaginario histórico,sobre la urgencia de la libertad para la verdadera condición de seres humanos en sociedad. Puede servir para efectos patrioteros de dictaduras o gobiernos falsamente democráticos; para conmemorar en larguísimos y huecos discursos y también, para exigir desde las universidades, el irrebatible derecho a expresar el pensamiento, entender los procesos sociales y actuar como abanderados de los cambios requeridos por el país. Nuestra tradición universitaria lo ratifica, al margen del intento de despolitizarla y descomprometerla con el país.

La represión feroz a las manifestaciones del año pasado, no logró eliminar la necesidad de participación juvenil universitaria. El lunes 17 se realizaron jornadas de asambleas iniciadas en la UCV y repicadas en diversas universidades del país, convocadas por parte de los estudiantes que agrupados y organizados en la Federación de Centros, se comprometieron a intervenir en el problema social y ofrecer una visión política, que genere una propuesta de reconstrucción nacional, AL incorporarla necesidad de un programa de acción o movilización por el cambio. Les acompañó el representante de la Conferencia Episcopal de la Iglesia católica, lo cual ratifica la necesidad de unir voces que conlleven el compromiso de todos.

La reciente intervención de José Corado, decano de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Carabobo (FCS-UC) , ratifica el compromiso urgente que los miembros de la comunidad universitaria en todos los niveles tienen con la salvaguarda de los fines y objetivos a los cuales se debe. Lo que lo hace diferente, no es su viralización por las redes sino el estilo y lo que dice. No se suele intervenir en los predios del Consejo Universitario, en tonos cuya emotividad los convierte en arenga. Ni tampoco referirse de manera tan cruda,a recordar el compromiso de las autoridades con la universidad ni con el entorno. Tampoco deja fuera su propio compromiso personal y como catedrático al frente de una Facultad atenta a los acontecimientos relativos a la pérdida de la salud y ausencia de atención médica, que unidas al hambre y voraz inflación, nos coloca como ciudadanos desasistidos por el Estado.

Reclama a la Universidad de Carabobo, participar en la propuesta del gobierno para ocultar la parálisis educativa: los horarios de contingencia a ser firmados, formas de ocultamiento de inasistencias autorizadas, puesto que no es culpa del inasistente sino a los problemas del país. “¿Qué estamos haciendo nosotros?”, pregunta al Consejo Universitario. “El primer reclamo es a mí mismo”, afirma recordando que estos no pueden ser los elementos que rigen la vida universitaria. Desgrana causas que aluden al ejercicio y responsabilidad ciudadana: permitir que los universitarios sean trasladados como “perros” en el transporte público, aludir al relleno de Charallave, basural en donde ayer “habían más personas que zamuros.

La muerte por tuberculosis de una compañera obrera” y causas de la enfermedad: “La precariedad de vida, el mal vivir. Si a mí como universitario no me interpela la muerte de Delcy, no me interpela nada, porque la esencia del ser humano se perdió”.Reclama no hacer nada ante la situación terrible de la universidad y el país. Ratifica estar en contra del horario de contingencia, porque la “gente tiene que venir a protestar, ha de hacerse una paralización activa, convocar a cada uno de los universitarios, pues no se está cumpliendo el deber con el país”.

Confieso que no siempre las cadenas de mensajes ni las letras de Fito Páez me hastían: Lo retomo: “¿Quién dijo que todo está perdido?/Yo vengo a ofrecer mi corazón/ Tanta sangre que se llevó el río,/Yo vengo a ofrecer mi corazón/ No será tan fácil, ya sé qué pasa/ No será tan simple como pensaba,/Como abrir el pecho y sacar el alma,/Una cuchillada del amor”.

PUBLICIDAD

Comentarios

Comentarios