#OPINIÓN Tinta y papel

Maximiliano Pérez | Foto: Archivo/Referencial |

“El poder para moldear el futuro de una república estará en manos del periodismo de las generaciones futuras”.
Joseph Pulitzer.

József Pulitzer, era el nombre en húngaro del gigante del periodismo que también fue conocido como Joe. Nació en Makó, Hungría, el 10-4-1.847 y murió en Charleston, Estados Unidos el 29-10-1.911; fue un editor estadounidensede origen judío-húngaro, que originó la llamada prensa amarilla y los premios periodísticos que llevan su nombre, los Premios Pulitzer. Además se le puede considerar un pionero del «infotainment», esa mezcla de información y entretenimiento en la que los periódicos no han dejado de profundizar desde entonces.

En 1.892, Pulitzer ofreció al presidente de la Universidad de Columbia, Seth Low, financiar la primera escuela de periodismo del mundo. En 1917, fueron convocados los primeros Premios Pulitzer de acuerdo con los deseos de Pulitzer.

Pulitzer dejó a la Universidad 2 millones de dólares en su testamento, lo que permitió la creación en 1.912 en Columbia University Graduate School of Journalism, la escuela de periodismo, que sería una de las más prestigiosas del mundo, aunque ya no fuese la primera, por haberse creado antes la de la Universidad de Missouri.

Aún tengo fresco en mi mente el recuerdo de aquel premio Pulitzer; la fotografía captada por el periodista gráfico Héctor Rondón al solitario capellán Luis María Padilla cuando auxiliaba a un joven soldado (casi niño) emboscado en el sitio conocido como La Alcantarilla, en Puerto Cabello,durante los sucesos conocidos como “El Porteñazo”. La conspiración más dantesca que enfrentó el gobierno de don Rómulo Betancourt, y qué, presuntamente, fue auspiciada, planificada, asesorada y financiada por el régimen Castro-Comunista, el 2 de junio de 1.962.

En 1.960 reseñaba el periódico “IZQUIERDA”:
“No puede haber otra salida que el cambio de gobierno, la sustitución del régimen actual por otro que responda a los intereses del pueblo”.

En un libro titulado “En Busca de la Revolución”, su autor narra que una entrevista que sostuvo con Gadafi, culminó en que uno de los tiranos más execrados por el mundo libre, había ordenado a sus asistentes proveer a los sediciosos, allí representados, de todo lo necesario operativamente para lograr la “Insurgencia Militar en Venezuela.”
El tiempo avanza sin detenerse, por el contrario confirma el viejo adagio que expresa:
“Para verdades el tiempo para sabiduría Dios”.

Es característico de los regímenes opresores el intentar silenciar a la opinión pública, el atacar a los medios de comunicación, pero mientras el talento probo disponga de tinta y papel se hará realidad el qué, podrán encarcelar la materia, la carne y los huesos, pero el pensamiento siempre será libre…

Albert Camus fue un novelista, ensayista, dramaturgo, filósofo y periodista francés nacido en Argelia que vivió entre 1.913 y 1.960. Las concepciones de Camus se formaron bajo el influjo de Schopenhauer, de Nietzsche y del existencialismo alemán. Formó parte de la Resistencia francesa durante la ocupación alemana, y se relacionó con los movimientos libertarios de la posguerra. En 1957 se le concedió el Premio Nobel de Literatura por “el conjunto de sus obras que ponen de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de la actualidad”. Bajo este criterio expresó: “Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala” (Fuente Wikipedia).

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