#OPINIÓN Truenos

Carlos Mujica | Foto: Archivo/Referencial |

Pero nadie, es una pretensión exagerada, se ha ocupado, no porque ahora esté escribiendo, de los truenos. Por lo general, los truenos asustan, provocan el pánico, producen miedo, nos hacen chillar, y, hasta nos espantan mediante el simulacro de la huida.

Justamente es en el mes de Julio cuando comienza la temporada de los truenos que acompañan a las lluvias y que se prolongan más allá de agosto. Lo extraño y sorprendente de ellos es que ni siquiera dan señales de que va a tronar. Sus sonidos desordenados, fuertes en muchos casos son impactantes para nuestra psiquis. Se da uno que otro debilucho, pero la mayoría son ensordecedores. De cualquier modo, le otorgaremos identidad a sus sonidos. Descartamos el sonido metálico porque nos estaríamos mintiendo. Los sonidos metálicos a excepción del sonido de las campanas no son agradables.

Allá arriba, como aquí abajo nosotros, preferimos el sonido de la madera, Supuestamente porque parece que los carpinteros en el orden temporal fueron primero que los herreros. En definitiva, allá arriba, sin ambages ni rodeos, prefieren la madera. ¿Por qué lo decimos? Sencillamente porque el sonido del trueno es el mismo sonido que producen las maderas. ¿Por qué nos impresionan tanto? El sonido del trueno es el producto manifiesto de lanzar con violencia cajones de madera.

No debe ser muy cuerdo quien así procede. Y el piso ante tanta violencia debe estar que es un desastre. Si fuese Hércules el que los lanza, lo haría contra nosotros, no hay duda, los golpes se producen todos allá arriba. De modo que deben ser seres musculosos cuya fuerza les permita alzar esos cajones y tirarlos, sin compasión, con tal violencia contra el piso. De ahí que cada cajón vaya dando tumbos y por eso el sonido tiene continuidad. Ni que el piso estuviese hecho de material muy resistente e indestructible, cualquier material se resiente del uso desconsiderado.

Menos mal que esa orgía de seres demoníacos no es continua y nadie de allá ha bajado a la Tierra a montar su horrible espectáculo entre nosotros. etc. Es de suponer que en esos cajones se guardan cosas y que ya en julio vacíos se tiran sin la menor consideración de sus costos. De todas maneras, terminada la temporada de los truenos, que en la mayoría de las ocasiones les acompañan rayos, chispas eléctricas, relámpagos, los carpinteros de allá arriba se dan a la tarea de fabricar los necesarios para la venidera temporada de truenos. ¿No creen ustedes que hay mucho derroche?

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