Pensar – Lo positivo de la crisis (2)

Pedro Rodríguez Rojas |

Esta crisis ha hecho posible por primera vez que el país entienda que no podemos seguir dependiendo de las importaciones y por ende de la renta petrolera, que durante 100 años no hemos producido casi nada, que somos importadores neto, que esto nos coloca en una debilidad no solamente económica sino de carácter político y geopolítico, nos hace vulnerable con respecto al exterior. Esto es un tema viejo pero que había sido poco internalizado, siempre se vivía bajo “la ilusión petrolera” y aun lamentablemente coexisten en muchos que siguen casi malévolamente deseando que estalle un conflicto en el Medio Oriente y que “gracias a las desgracias de otros” (ruina, genocidio) el precio del petróleo aumente y “nos salvemos” . De esta ilusión hemos vivido todos los venezolanos y todos los gobiernos. El inicio de un cambio psicológico de esa postura enferma ya significa un gran avance, en término de ir sustituyendo la cultura del petróleo por la cultura del trabajo y la producción.

Hoy vemos una revalorización del trabajo del campo, mientras que a penas algunos años atrás la gente se burlaba de la propuesta de Chávez de los cultivos orgánicos y los gallineros verticales, muchas personas han asumido en humildes espacios esta propuesta de auto abastecimiento alimentario y si bien apenas está en los pininos, es el cambio de aptitud la que nos parece más importante. Mientras que durante décadas los gobiernos- incluyendo el proceso revolucionario- subestimaron el campo y han dado prioridad a la ciudad y a lo urbanos, como lo demuestra la sobre población de las ciudades: construcciones de viviendas en las ciudades tradicionales, surgimiento de nuevas ciudades en las zonas norte costeras, hemos visto en estos últimos meses, no solamente un crecimiento en la actividad agrícola, que se debe fundamentalmente al estimulo en la producción por los precios liberados y la carencia de importaciones, pero también lo hemos percibido en las empresas, aunque en forma tardía se ha producido un dialogo directo y un apoyo financiero a un sector productivo que se ha visto crecer rápidamente.

Es necesario sustituir la cultura del consumo y del despilfarro por la cultura del trabajo y la eficiencia. Hoy es mucho más fácil percibir los actos de corrupción, la carestía junto a la organización de la sociedad lo pone en descubierto con mayor facilidad. Venezuela ha sido un país consumista, en desgracia a la renta petrolera hemos importado de todo, el modelo de sustitución de importaciones que se impuso en América latina en los años 40 del siglo pasado y que Venezuela no colapso, como en otros países en los años 70, por el contrario se profundizó en sus males. La mayoría de bienes que consumimos no lo fabricamos nosotros y gracias a la sobrevaluación de la moneda que existía disfrutábamos de ellos con facilidad, al tiempo que hacíamos imposible la producción nacional, salvo aquella parasitaria y dependiente de la protección del estado y lo poco que producimos era con materia y tecnología importada, lo que nos hacia doblemente dependiente.

Hoy eso tiene que llegar a su fin, es un proceso traumático, no hay de otra manera, es el parto de una nueva sociedad y esto se hace con dolor y sacrificio. Así mismo, despilfarramos los servicios básicos que creíamos que eran eternos y hoy “gracias” a la crisis del agua y la electricidad- producto del fenómeno del niño y de las ineficiencias administrativas- comenzamos a entender que conservar el agua, la electricidad y la naturaleza es un problema humano, ético y de sobrevivencia. El petróleo nos internalizo el despilfarro, el creernos invulnerables, a gastar y gastar sin conciencia de que todos los bienes son finitos y de los daños que producimos. Continuará…

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