Picapedrero – Gobernador Falcón

¡Gobierne o renuncie!

La situación de ingobernabilidad en el estado Lara es de tal magnitud, que de serlo en todo el país, estaríamos al borde de una inevitable explosión, cuyos únicos responsables sin duda son: una dirigencia política incapaz desde el gobierno con la inviabilidad de un proyecto que, si bien pudo tener las mejores intenciones, se ha blindado de corrupción y narcotráfico para complacer a un autócrata de viejo cuño, aferrado al poder en medio de una enfermedad que merece cuidado y no, impregnar al país con ella.
Por su parte, sectores de oposición como Acción Democrática, por su trascendencia histórica y mayores responsabilidades en la crisis que pariera precisamente a Chávez, fue asaltada por unos autócratas y corrompidos como los que criticamos, con el agravante de que la improvisación y oportunismo, enarbolando un relevo generacional carece del discurso que estimule un relanzamiento de la democracia.
En trece años del chavismo, no hacemos nada con los esfuerzos universitario, gremiales o académico, al alertar sobre el polvorín en que estamos montados, sumando la debacle de organizaciones de trabajadores desaparecidas del mapa político, con lo que todo gira, en quien ofrece, reparte, vende y compra más conciencia, que conlleva a un peligroso desencanto, del que se alimenta la delincuencia que en Venezuela, es una declarada guerra informal, avalada por el chavismo para intimidar a la sociedad y entre cuyas víctimas están, no solo, el más modesto ciudadano, sino los propios miembros de cuerpos policiales y hasta funcionarios de embajadas y consulados acreditados en el país.
La precedente realidad es patética en Lara, con las siguientes características: Primero: El ciudadano Henri Falcón, de exitoso alcalde, fue electo gobernador, con una votación tan alta, que rebasó los aportes del chavismo de donde proviene para separarse luego, inflando su liderazgo a costa de regalías y contratos, en el manejo de un presupuesto rígido, lo cual debería administrarse con criterio de escasez. Segundo: El PSUV partido de gobierno, es un declarado saboteador de su gestión. Tercero: La oposición le acuso de corrupción en la Contraloría y Fiscalía de la República, el mismo PSUV, le está investigando otras supuestas irregularidades administrativas en la reconducción del presupuesto, que desembocaría en un ante juicio de mérito y en consecuencia, una inhabilitación política. Quinto: La falta de agua, subestimada por los políticos, más desesperante para los que la reciben con escases y sucia, no es para menos. ¿Hasta cuando el engaño de Yacambú? ¿O es, que es falso la sedimentación, es decir, muerte lenta de la presa Dos Cerritos? Agreguemos las estimuladas invasiones e inseguridad, que se han apropiado del estado al ritmo de trancas viales y quema de cauchos diariamente por no encontrar respuestas administrativas y políticas, expresadas con rabia, caso El Tocuyo, con el asesinato del comerciante Bruno Trepiccione, donde fue notoria la ausencia de la oposición, a la cabeza del gobernador, que prefirió irse a buscar centímetros periodístico en la juramentación del comando de Capriles Radonski, que solidarizarse con aquella comunidad. Sexto: La policía del estado, bajo el mando de Falcón se ha desmoralizado -agentes corrompidos, fugas sin sanciones por sus ramificaciones y ¿quien investiga? otros asesinados y reposeros- (700, en medio de un silencio jurídico o cómplice) además de los que no actúan, ante los desmanes públicos, contra una ciudadanía que no puede ir y regresar a sus trabajos, porque Falcón piensa más en la pérdida de votos, al momento de restablecer el orden público, que en la seguridad de las personas y sus bienes. Sobre esos particulares, este diario EL IMPULSO dio cuenta al 1° de marzo del presente año, de “196 homicidios entre enero y febrero”, incluyendo cinco funcionaros policiales. Séptimo: La Guardia Nacional, que tiene funciones de colaboración, al parecer, solo obedece órdenes, más que del PSUV, del ciudadano Luis Reyes Reyes, que aspira en tan irresponsable juego, regresar a la gobernación. Agreguemos a todo ello, el evidentemente aprovechamiento de ciertas individualidades de la oposición larense, derrotadas en las pasadas primarias, con la posibilidad de la inhabilitación, que coloca al estado y su ciudadanía, en total indefensión, desamparado de una supuesta dirigencia política gubernamental y opositora que atiende solo, a su clientela y colaboradores, frente a un gobernador que tampoco ejerce el gobierno como debe ser.
Vistas así las cosas, Henri Falcón aspira a relegirse como gobernador y preguntamos ¿Para qué? Ahora, si es una realidad el saboteo de que ha sido objeto, pues denúncielo, enfrentando los problemas con la verdad por delante, que en el caso del agua y la inseguridad son los fundamentales. Dígale al pueblo ¿por qué no hay agua, ni habrá? salvo con políticas por muy duras que sean y ante la inseguridad, otórguele más recursos a la policía, que a las obras ornamentales y religiosa que no le garantizan el cielo, Olvídese de la autocracia chavista que le queda, reúnase con las comunidades afectadas y fuerza vivas del estado, comprométase con ellos que aportan votos y sabrán entender los escenarios políticos y sociales donde debe tomar decisiones. Olvídese de la dirigencia contratista, que no va hacer solidaria el día de la inhabilitación.
Siendo entonces usted una opción ¡gobierne o renuncie! En este caso, para relegitimase diciéndoles a los larenses que si lo quieren ver gobernando, requiere todos los votos posibles para que sea respetado y así tendrá que ser, le taparía la boca a más de uno, pero seguir jugando sobre la estrategia del voto no le hace bien, ni al estado, ni a usted.
Jorge Ramos Guerra

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