Por la puerta del sol – NECESIDAD DE LOS VALORES MORALES

“La práctica habitual de las virtudes éticas hacen al hombre moral y lo disponen a la felicidad” (Diógenes)

Cuando hablamos sobre todo con muchachos, se da uno cuenta que en el mundo se ha ido perdiendo la educación, la comunicación personal y el respeto. Causante de esto en mucho, son las nuevas tecnologías que aíslan y hacen esclavos a los seres humanos. En todas partes se ve gente idiotizada por la magia de un celular al que se le presta más atención que a quien le está hablando o lo está acompañando. Para la nueva juventud hablar de valores es estar fuera de época y pasado de moda. 

Familia, educación, principios, disciplina, respeto y buenas costumbres forman parte de los valores que nos acompañarán siempre. “El hombre sobresale del resto de la creación en la medida en que él mismo reconoce su propia naturaleza, y cuando lo olvida, se hunde más abajo que las bestias” (Severino Boecio)
Los valores morales que nos inculcan desde pequeños, son cuando crecemos la mejor compañía en las decisiones de la vida; los religiosos son refugio y consuelo de nuestra fe en Dios.
Al inculcar en el niño voluntad y perseverancia, hacemos de él un hombre ordenado y dispuesto. La comunicación de la familia es significativa en la etapa del crecimiento, sobre todo respecto a lo que se dice y hace delante de los niños.
Escuchar, hablar, persuadir, opinar y ser ecuánime es de vital importancia cuando tenemos que enfrentarnos al trabajo. Los valores humanos bien definidos en una persona demuestran madurez, autocontrol, confianza, integridad, adaptabilidad, innovación y disposición. Virtudes y principios marcan nuestro camino.
Hay quienes aseguran que las adversidades han sido sus mejores maestros. Será por eso que mi madre decía que los vientos fuertes de las tormentas del destino fijan mejor y fortalecen las raíces del árbol humano.
Los altos valores morales inducen a promover el respeto a los otros, la comprensión, armonía y bienestar en general. Todo lo bueno que se aprenda en la vida se realiza mediante la fuerza de la voluntad. El educado en la justicia no será nunca un hombre violento. La templanza equilibra y modera los excesos y placeres, impone la voluntad para mantener a raya los instintos, ímpetus y deseos humanos.
La moral, ciencia de las costumbres, no se ocupa solo de lo que se hace sino de lo que se debe hacer. Las leyes que descubre no son construcciones arbitrarias del espíritu, son derivadas del conocimiento de la naturaleza moral del ser humano. Se recibe con más gusto lo que se enseña en ambiente libre, afectuoso y comprensivo que en el que todo se debe hacer por obligación. Para el cristianismo la caridad es como la sabiduría para los antiguos. Humildad y caridad son el principio de todas las virtudes. La moral es eterna en sus principios, progresista en sus aplicaciones.
Homero fue el pintor de la lucha de las pasiones del ser humano. Personificó el valor, la cólera y la piedad en Aquiles, la perseverancia en Ulises, la castidad en Penélope. Goethe en su obra Fausto identifica lo inútil del mal y lo hermoso del perdón y la tranquilidad del espíritu.
En el hogar y en la escuela ya no se enseña la urbanidad. Se olvida que los niños y los jóvenes son los constructores de las nuevas sociedades. ¿Qué podrá construir quien carece de hábitos y principios, que no sabe lo que es tender su cama cada día, decir buenos días, por favor, pedir disculpas, hablar sin gritar; qué podrá construir quien no aprendió a amar plantas, gente y animales, quien no sabe que masticar chicle o hablar con la boca llena es un irrespeto a los otros, quien no sabe ser tolerante, ni cómo comportarse en la casa, en la calle, ni el colegio?
Los hábitos inculcados, el respeto a las normas de la casa, la escuela, las leyes, la amabilidad, la decencia, el orden, el decoro etc., aumentan nuestra calidad como seres humanos. Una sociedad o familia cargada de antivalores son producto de padres y gobernantes violentos, insensibles y de una absoluta carencia de cultura. “El comportamiento de una persona es el espejo en el que cada uno muestra su verdadera imagen” (W.J.Goethe)
¿De qué le sirve a un ser humano el poder, la belleza, el saber, la riqueza y la fama, si no tiene moral ni sabe ser gente?
Esta es la razón por las que no podremos nunca olvidar la gran expresión de Bolívar de que en Venezuela deben ser siempre: “Moral y luces sus primeras necesidades”

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